Mi paso por la Feria del Libro de Madrid se ha saldado con dos adquisiciones: la Trilogía de Auschwitz, de Primo Levi; y Walden, de Henry David Thoreau. Una obra tremebunda acerca de las miserias y la condición del ser humano a la que seguía la pista desde hace tiempo, y un ensayo decimonónico bucólico y libertario que también codiciaba y que por cortesía de las modas editoriales y lo que acontece en la rúa (cabreo generalizado, desengaño, indignación, etc.) corre el riesgo de convertirse en carnaza hipster, si no lo es ya.
Molo, ¿eh?
Hasta ahí ha llegado la cosa, pero si volviera a las casetas del Retiro (y va a ser que no, en fin de semana no hay dios que se acerque) y tuviera una sola bala en la recámara, apuntaría directamente a este volumen del que acabo de tener noticia.
1280 almas, de Jim Thompson, es una novela negra cínica y despiadada que arranca cogiendo al lector por la solapa y no lo suelta hasta dejarlo tendidotundido y hecho un guiñapo sanguinolento pero (literariamente) feliz. Está escrita al rebufo de una tradición muy yanqui: las historias directas, sin aditivos ni conservantes, al grano y libres de rodeos. Y es cojonuda.
A mí me la recomendó mi amigo Rafa Gassó (fotógrafo, periodista y equilibrista), que no prescribe libros a humo de pajas, y hay que decir que acertó justo entre ceja y ceja.
La exquisita editorial Libros del Zorro Rojo la publica ahora con ilustraciones de Jordi Bernet, y uno saliva con solo ver la portada y alguno de los dibujos.







