¿Eres fetichista?

Cuenta Mario Vargas Llosa en su brillante y entregado prólogo a Madame Bovary que Gustave Flaubert, tras pasar 10 o 12 horas encadenado como un galeote al escritorio, salía a pasear junto a su casa de Croisset, y recorría “una pequeña avenida sombreada de árboles, (…) donde el gigante normando rugía cada tarde -a la caza de asonancias y consonancias, de las enloquecedoras cacofonías- las frases escritas la noche anterior”.

Lo he recordado al tener noticia de que las 4.500 hojas manuscritas de Madame Bovary están ya disponibles en Internet gracias a la paciencia y afición (más que los socios del Atleti) de
unos centenares de colgados de la obra del novelista francés, que, siguiendo un proyecto de la Universidad de Rouen y la Biblioteca Municipal de la misma ciudad, han transcrito el manuscrito flaubertiano, repleto de tachaduras y correcciones, como corresponde a un escritor que presumía de andar siempre entregado a la búsqueda “de la palabra exacta”. Puedes leer aquí la noticia y, mucho mejor, sorprenderte aquí con el abrumador resultado.

UNA COSA LLEVA A LA OTRA

La puesta de largo del manuscrito del autor de La educación sentimental, para mí una obra superior a la historia de la insatisfecha adúltera pequeñoburguesa, revela la trastienda de un escritor y por eso me ha traído a la cabeza un libro por el que supe que Joseph Conrad, un terrible distraído, solía quemarse con sus propias colillas; que la refinada Isak Dinesen tuvo que renunciar joven a su vida sexual por culpa de una sífilis; que James Joyce fue un gran putero; o que -como contaba Madame Du Deffand-, la mariscala de Luxembourg, una noble francesa del XVIII, exclamó tras ojear la Biblia: “¡Qué tono, qué tono horroroso! ¡Ah, qué lástima que el Espíritu Santo tuviera tan poco gusto!”.

Me refiero a Vidas escritas, de Javier Marías, un retrato de algunos de sus escritores favoritos (aunque a algunos los pone finos), un repaso de anécdotas -por lo general poco conocidas- de sus vidas que muestran que muchos de los mejores creadores de la literatura mundial eran desastrosos individuos (¿sabías que Oscar Wilde tenía la costumbre de pellizcarse y tirarse levemente de la papada cuando hablaba o que Djuna Barnes, ya en su vejez, se horrorizaba tanto ante las barbas que obligó a un futuro visitante a que se afeitara antes de ir a visitarla?).

Vidas escritas es para fetichistas literarios que quieran saberlo todo de los escritores que admiran (aman). Y es mucho más divertido que la vida de Paquirrín.

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2 comentarios

Archivado bajo Biografías, General

2 Respuestas a “¿Eres fetichista?

  1. Francisco Jódar

    Enlazando con el post anterior del cine, el dinero público gastado en Educación sí que tiene justificación…

  2. S

    Me alegra saber que las universidades francesas disponen de presupuesto para este tipo de estudios…