Por el cuarto piso

Bienvenidos a los cuatro millones de parados, el 17,3 por ciento de la población activa. La incógnita a día de hoy no es si amainará o no la tormenta. La incógnita es si, peldaño a peldaño (o subiéndolos de dos en dos), llegaremos al quinto piso en breve. Y esperemos que nadie aproveche el hueco de la escalera…

Lo cierto es que el personal no tiene ni idea de cuándo acabará la crisis, ni de cómo saldremos de ella. Por engolados y estupendos que se pongan, los gurús financieros, los políticos, los banqueros y los tertulianos tampoco tienen ni zorra (¿alguien lo duda?), y lo único bueno de toda esta historia es que ya sabemos que no nos podemos fiar nunca más de la contabilidad creativa, los nuevos y mágicos productos financieros y toda esa basura. Por supuesto, yo tampoco sé qué pasará, y como no me pagan por pontificar desde una radio y hablar de lo que no conozco, me limito a asombrarme del éxito de un libro que lleva semanas siendo el más vendido entre los de no ficción y que ha alcanzado ya once ediciones.

BEST-SELLER FINANCIERO

El libro se llama La Crisis Ninja y otros misterios de la economía actual, y es obra de Leopoldo Abadía, un ex profesor del IESE de 75 años que ha intentado explicar con el lenguaje llano de una conversación de bar de pueblo el enrevesado inicio inmobiliario-financiero (sí, las hipotecas subprime, los bajos tipos de interés y toda esa historia) de esta crisis económica que nos tiene acobardados y atrincherados en nuestro puesto de trabajo (el que lo tenga). Puedes saber más del libro, su curiosa gestación y su autor en la completa web (www.leopoldoabadia.com) que se ha marcado este señor, porque La Crisis Ninja parece ya más una empresa que otra cosa.

Lo mejor es el título. ¿A qué viene lo de ninja? Se refiere a las hipotecas de alto riesgo -las subprime- que los bancos concedían en los EE.UU. a los ‘clientes ninja’ (no income, no job, no assets), es decir: sin ingresos fijos, sin empleo fijo y sin propiedades. Una ruleta rusa financiera que habría dado el pistoletazo de salida a la balasera económica en la que estamos metidos.

Abadía usa una caja de ahorros imaginaria (la de un pueblo, San Quirico, trasunto de una localidad catalana) y los problemas de sus clientes para poner ejemplos claros de cómo una crisis inmobiliaria en los EE.UU. nos ha acabado atrapando a todos en una imparable bola de nieve, como él sostiene.

Hasta ahí, bien. Es loable que alguien intente explicar en cristiano de qué va todo esto y por qué estamos donde estamos. El problema es que Abadía se ha pasado de simplón. No para de decir que él no sabe y que se limita a poner en orden lo que lee en los periódicos (honrado es), y escribe obviedades como que la globalización tiene sus ventajas y peligros (como la mayonesa), que hay que trabajar más o que la ética es fundamental y su ausencia tiene buena parte de culpa de lo que pasa. En suma, verdades de Perogrullo.

A menudo no hay nada más difícil que explicar lo obvio, pero este hombre se ha pasado en su simplificación. Sus interpretaciones de lo que él llama “misterios de la economía actual” me recuerdan a un ciclista que quisiera ganar el Tour con ruedines. Si éste es el libro que más leemos los españoles para comprender la crisis y superarla, llegamos a los cinco millones de parados. Fijo.


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2 comentarios

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2 Respuestas a “Por el cuarto piso

  1. Francisco Jódar

    Y los ‘liberales’ le echan la culpa de todo a los gobiernos y los ‘socialistas’ a los ‘liberales’. Vamos, que entre la verdad y su madre (la ideología), todos se quedan con su madre.

  2. Miguel

    Es un libro muy interesante, y es verdad que lo que cuenta es casi lo mismo que ya iba contando el tío en el blog. De todos modos lo que nos pasa aquí no es sólo por la supergüay “crisis subprime” de los americanos. Los balones fuera son muy tentadores, pero lo nuestro comenzó bastante antes y tiene más que ver con la incompetencia y con el muy español “¡esta ronda es mia, que tengo dinero!” gubernamental cuando se encontró que había MUCHOS billetes en la cartera para gastar. Y así nos va. Por eso aquí seguimos destruyendo empleo a mansalva (o a cascoporro, que está de moda ahora) y en Europa se está creando. Pero no… es mejor que sea culpa de los “ninjas”. Seguro que Obama nos lo apaña todo en un plis. Menos mal.

    ¿El mejor amigo del hombre? No es el perro… Es el chivo… ¡El chivo expiatorio!