Noche de ronda

NOCHE DE RONDA, Luis Alberto de Cuenca

En otro tiempo hubieras empleado la noche
en hablarle de libros y de viejas películas.
Pero ya eres mayor. Ahora sabes que a ellas
les aburren los tipos llenos de nombres propios,
que tu bachillerato les tiene sin cuidado.
De modo que le dejas tomar la iniciativa,
desconectas y finges que escuchas sus historias,
que invariablemente -recuerdas de otras veces-
versan sobre el amor, los viajes, la dietética,
su familia, el verano, la buena forma física,
el más allá, las drogas y el arte postmodemo.
De cuando en cuando asientes, recorriendo sus ojos
con los tuyos, rozando levemente sus muslos,
y elevas a los cielos una angustiosa súplica
para que aquella farsa termine cuanto antes.
Pasarán, sin embargo, todavía unas horas
hasta que, ebria y afónica, se abandone en tus brazos
y obtengas la victoria pírrica de su cuerpo,
que, pese a los asertos de tres o cuatro amigos,
será muy poca cosa. Y, cuando esté dormida,
saldrás roto a la calle en busca de una taza
de café gigantesca, maldiciendo las copas
que arruinaron tu hígado en la estúpida noche
y pensando que, al cabo, merece más la pena
no comerse una rosca y hablarles de tus libros,
amargarles la vida con Shakespeare y con Griffith.
O buscarse una sorda para que nada falte.

Si todavía piensas que la poesía es aburrida, puedes empezar a desengañarte con De amor y de amargura, una antología de los versos amorosos de Luis Alberto de Cuenca que editó Renacimiento en 2003. Si vives en Madrid o piensas acercarte en los próximos días, quizá lo encuentres revolviendo por las casetas de la Feria del Libro de Madrid, en el Parque del Retiro.

Anuncios

2 comentarios

Archivado bajo General, Poesía

2 Respuestas a “Noche de ronda

  1. Francisco Jódar

    Omar, a partir de las 3 está todo el pescado vendido…

  2. El hombre elefante

    Está muy bien el poema, muy didáctico.

    Pero Jodar, esas son ya reflexiones de abuelo. Nunca se debe perder el FERBOR adolescente, el arte del cortejo, el pavoneo real.

    Y para eso, como para todo, siempre hay que tragar. Glups.