Kapuscinski o vivir para contarlo

Estos días es Irán. Otros, Corea del Norte. O Pakistán. O Nigeria. O incluso esos Estados Unidos de los que creemos saberlo todo, y que vistos en la lejanía y la epilepsia fragmentaria de los medios pueden llegar a parecernos tan inextricables y exóticos como las intrigas políticas bolivianas o las interminables guerras civiles de tantos países africanos.

Los acontecimientos parecen brotar como setas en el bosque para desaparecer de repente de Internet, las televisiones y los periódicos, casi como por arte de magia. Entre medias, uno asiste más o menos despistado a la evolución de la actualidad y termina con cara de portero goleado, cuando no indiferente. Ha visto, oído y leído mucho, pero no ha entendido casi nada.

ESTAR, VER, OÍR, COMPARTIR, PENSAR

Afortunadamente, existe gente capaz de aportar algo de luz al caos. Como el reportero y escritor polaco Ryszard Kapuscinsnki (1932 -2007), maestro de periodistas y testigo directo de doce guerras y veintisiete revoluciones, que sostenía que las cinco acciones que encabezan este párrafo constituían los mandamientos del genuino reportero. Amén.

Kapuscinski, al que puedes ver aquí sobre una montura poco gallarda en uno de sus múltiples viajes, será recordado por unas cuantas frases que definen su modo de entender y ejercer el periodismo: “Para escribir una página se han de haber leído cien”, aconsejaba. O: “No se puede escribir de alguien con quien no has compartido como mínimo algún momento de su vida”. O ésta otra, quizá la más citada: “Se puede ser escéptico, pero no cínico: el cinismo te aleja de la gente; los cínicos no sirven para este oficio”.

Pero, por encima de todo, lo recordaremos por los 19 libros que escribió, entre los que se cuentan títulos imprescindibles como Ébano, un estremecedor recorrido por África; El Emperador, una fascinante crónica sobre Haile Selassie de Etiopía; El Imperio, obra maestra que narra en forma de reportaje las vicisitudes de la Unión Soviética y sus gentes; o El Sha, que me ha dado pie para este post y del que que te hablo aprovechando que algo se mueve en Irán.

PISANDO EL TERRENO

Kapuscinski viajaba de verdad, a la manera de su admirado Heródoto, el historiador griego del siglo V a. C. cuya lectura le acompañó desde sus inicios y que inspiró una de sus últimas obras, Viajes con Heródoto. No se limitaba a estudiadas y dosificadas incursiones desde esas islas con aire acondicionado que son los hoteles del Tercer Mundo copiados de Occidente, sino que se internaba por su cuenta y riesgo donde no hay nadie para contarlo y, simplemente, aguzaba el oído y miraba atentamente, siempre tras un trabajo exhaustivo de documentación y estudio para que ningún lector pudiera sacarle los colores después.

El Sha o la desmesura del poder arranca en 1980, con el autor solo en la habitación de un hotel de Teherán, ordenando y dando forma a las notas, fotos y testimonios sonoros que ha ido acumulando en su larga estancia en Irán con la intención de entender la caída del Sha Mohamed Reza Pahlevi, señor absoluto de las vidas de los iraníes, títere de los EE.UU en el contexto de la Guerra Fría y la necesidad de petróleo, y barrido por la Revolución Islámica encabezada por el ayatolá Jomeini, ésa que ha dado lugar a la totalitaria teocracia que vemos hoy dividida en facciones que pugnan por hacerse con el poder con resultado incierto.

A partir de ahí, asistimos a una verdadera lección de historia inseparable del relato de los acontecimientos menudos de la calle. De la mano de Kapuscinski vamos conociendo tanto la evolución del país desde finales del siglo XIX como la peculiar idiosincrasia de los chiítas, forjada a lo largo de siglos de luchas y persecuciones; descubrimos las claves del irresistible acceso al poder de Jomeini y los intereses de las grandes potencias en la zona; asistimos a la evolución de las tortuosas relaciones entre iraníes y estadounidenses…

Y, sobre todo, leemos cómo vive los acontecimientos la gente común, cómo la afectan y qué es de sus ilusiones y sus días. Humilde, sencillo, lleno de curiosidad y ganas de conocer al otro y sus razones, Kapuscinski escribe con un estilo ameno, fluido, salpicado de humor, agudo y repleto de imágenes poderosas. Es periodismo de primera, o quizá, como muchos piensan, se trata de un género nuevo a caballo entre la crónica, el reportaje, el libro de viajes, el ensayo, la historia…

Sólo han pasado dos años y medio desde su muerte, pero me atrevo a decir que Kapuscinski va a ser un clásico, si no lo es ya. Sumérgete en las páginas de El Sha y verás como lo que pasa en Irán ya no te suena tanto a persa…

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5 comentarios

Archivado bajo Crónica, General, Historia, Periodismo

5 Respuestas a “Kapuscinski o vivir para contarlo

  1. Pues a mi James Nachtwey, aún gustándome mucho, me parece un snob y un pijo. No se puede elevar a la categoría de arte -y en esto él es un esteta, no en vano es el mismísimo James Nachtwey- la tragedia y la barbarie humana… porque entonces el sentido de la fotografía documental y de denuncia en la que él arropa su discurso pierde todo su significado… y se convierte en una broma de muy mal gusto.
    Con todo, mola mucho (eso sí, teniendo claro que es un listo o un tarado… o ambas cosas a la vez).
    ¡Y que viva la cámara de usar y tirar!
    Por cierto, voy a hacerme propaganda: pincha mi nombre, gñéee…

  2. sopa de ajo

    Ya tardabas, oh emperador de la errata, en hacer mención al que es y sigue siendo el referente para explicar cualquier conflicto bélico. Kapuscinski es a las palabras lo que James Nachtwey a las imágenes de guerra: pura biblia.

  3. Los libros de Kapuscinski deberían recetarse para combatir la estupidez humana, opino.
    Sin duda, de lectura imprescindible (que odiosa palabra, ‘imprescindible’)… incluso para los que no se dedican al periodismo.
    Totalmente de acuerdo con usted, Lehendakari!
    Yo me quedo con Ébano, la mejor y más fácil manera de comprender África; sigue siendo tan vigente aún hoy en día!
    Saludos y a ver para cuándo una recomendación ‘durréllica’ para verano.
    ;)

  4. Francisco Jódar

    Completamente de acuerdo. Únele una buena Ortografía y una Gramática en condiciones.

  5. adolfo

    Kapuscinski debería ser lectura obligada en la Facultad de Periodismo como mínimo.