Hay motivo

Existen sobradas razones que justifican la lectura de libros de historia, incluso en el achicharrante verano que padecemos. Hagamos inventario:

1. Conocer las acciones y motivaciones individuales y sociales y encontrar pistas que nos permitan comprender por qué estamos donde estamos y por qué pasan muchas cosas.

2. Confirmar que, para muchos, todo vale -incluso la tergiversación más descarada- con tal de encontrar hechos, o interpretaciones de esos hechos, que justifiquen su ideología o sus intereses. Léase: evitar que nos vendan la moto los políticos y sus sucursales periodísticas de turno.

3. Emprender una cura de desasnamiento que nos aleje para siempre de las criaturas de la ESO.

4. No leer novela histórica, el género literario favorito de los españoles según una encuesta del CIS, ese ente tan filosófico que encuentra su razón de ser en preguntar para hallar nuevas preguntas.

5. Acumular conocimientos que arrojar a la cabeza de los demás, aunque alguien que habla de historia frente a una cerveza suele recibir como pago miradas compasivas.

Podría seguir, pero lo que me interesa es contar la principal razón por la que yo leo historia: la cantidad de sorpresas que me llevo, que convierten la experiencia en placentera y van llenando los enormes huecos que deja al descubierto mi enciclopédica ignorancia.

Sorpresas anecdóticas, como saber que los godos introdujeron en la Península Ibérica la alcachofa y las espinacas; con más sustancia, como descubrir que la España musulmana (el Al-Andalus que Bin Laden reclama) no era ni el paraíso de convivencia que nos venden ni el vivero de fanáticos que a muchos les gustaría que hubiera sido; o directamente asombrosas, como la constatación de la capacidad de supervivencia de Franco, que estrechó cordialmente la mano de Hitler en Hendaya para -dicienueve años después y gracias al juego de alianzas de la Guerra Fría- encontrarse en Madrid tan feliz con el presidente Eisenhower, uno de los artífices de la derrota nazi.

Toda esta reflexión viene a cuento porque estoy leyendo frente al ventilador Historia de España contada para escépticos, de Juan Eslava Galán, ensayista, historiador y escritor de bastante éxito que frecuenta el género de la divulgación histórica con amenidad, rigor y muy pocas ganas de arrimar el ascua a su sardina, y perdón por el topicazo.

No es uno de sus títulos más recientes. Eslava Galán ha publicado este mismo año El catolicismo explicado a las ovejas, un ensayo en tono irónico (una de la características de su estilo) sobre el cristianismo y el catolicismo; y entre los últimos de una larga lista destacan Califas, guerreros, esclavas y eunucos. Los moros en España, o el muy recomendable Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie.

Son libros para iniciarse, y si te pica la curiosidad podrás pasar a obras que profundicen, pero léelos con atención y sabrás mucha más historia que la media. Y eso te mola…

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3 comentarios

Archivado bajo General, Historia

3 Respuestas a “Hay motivo

  1. Francisco Jódar

    Cierto, es una novela espectacular.

  2. gonzajda

    ” Los Idus de marzo” de T. Wilder, no es un libro de historia sino una especie de novela epistolar que disfruté muchísimo.

  3. fullofgrace

    Más que recomendables también: Momentos estelares de la humanidad, de Stefan Zweig o Grandes perdedores de la historia de España de García de Cortázar