Triple placer

Hay algo mejor que descubrir una gran novela de un gran escritor: descubrir que es la primera de una trilogía. Cuando te enteras de que hay una segunda trilogía del mismo tipo, la cosa ya se pone orgásmica, salivas como un famélico chucho de perrera y te frotas las manos. Como dijo no sé quién, una de las mejores cosas del sexo -a veces- es la anticipación cuando subes acompañado la escalera hacia casa.

No es que Robertson Davies (1913-1995) me excite -aunque si llego a viejo me gustaría lucir una pinta parecida a la que ves abajo-, pero sus novelas me ponen bastante (aquí debería añadir “literariamente”. Bueno, pues ya está añadido). La pista de Davies, canadiense, me la levantó un amigo a través de la conocida como Trilogía de Deptford (Libros del Asteroide), tres obras prodigiosas con un aire familiar pero muy distinto al del libro que acabo de tener el placer de leer: Ángeles rebeldes, al que siguen Lo que arraiga en el hueso y La lira de Orfeo, que aún huele a tinta fresca y remata la Trilogía de Cornish.

Ángeles rebeldes abre el fuego del trío de historias unidas por la figura de un mismo personaje, Francis Cornish, aunque concebidas para leerse por separado si se desea. La acción arranca con el regreso de un excéntrico y malicioso personaje -el profesor Parlabane- a una venerable universidad canadiense que acaba de recibir el legado de Cornish, mecenas millonario y gran coleccionista de arte que nombra en su testamento a tres albaceas profesores de esa universidad.

Así dicho no parece muy atractivo, pero Davies se las apaña para crear una entretenidísima novela de intriga con la que -entre otras muchas cosas- da un repaso al mundo académico (fue profesor y lo conoció bien), el coleccionismo de arte, las viejas tradiciones de los gitanos centroeuropeos, los lutieres o antiguas sabidurías olvidadas como la alquimia. Y todo con sabiduría y madurez para rastrear en el fondo del alma de los personajes, más vivos que esa gente tan rara con la que te cruzas en el Metro.

CLÁSICO MODERNO

Todo suena muy intelectual, pero no hay que ponerse nervioso, porque una de las claves del talento de este escritor canadiense es su capacidad para divertir. Sus libros, maravillosamente entretenidos e inteligentes, exhiben una erudición apabullante que consigue el milagro de no caer en la pedantería.

Ironía, distanciamiento sin frialdad, delicioso sentido del humor, estilo ágil y conciso, comedia, tragedia, sarcasmo, personajes maravillosos, comprensión de lo humano y un difícil maridaje entre la narración vieja -a la manera en la que Dickens pueda ser viejo- y lo moderno distinguen a un clásico capaz de decir las cosas más importantes con aparente levedad y recuperar el placer de leer por leer y saber por saber.

Quedaos con este nombre: Robertson Davies. Un soplo de aire fresco para respirar entre tanta mierda.

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2 comentarios

Archivado bajo General, Novela

2 Respuestas a “Triple placer

  1. Pep

    Las portadas son fundamentales, acuérdate de las clásicas de Alianza Editorial.

  2. Deberían de volver a la moda de vender libros con la cara del autor, me tienta mucho más esa cara de corsario que una ilustración minimalista.

    Qué gran mentira, lo de que no te fíes de un libro por la cubierta…¡todo lo contrario!