Por mano propia

¿Qué tienen en común Sócrates y Virginia Woolf, Kurt Cobain y Hitler, Mishima y Van Gogh? El suicidio, el asunto más importante para Albert Camus, que publicó un ensayo (El mito de Sísifo), encabezado por esta frase: “No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio”.

Podría -supongo que existe ya- escribirse un gran libro con las notas, cartas, excusas y razones dejadas por los suicidas antes de pegar el Gran Salto por razones diversas. Ocuparía un lugar de honor el mensaje que el novelista italiano Emilio Salgari dejó a sus editores antes de darse matarile a orillas del Po (siguiendo, por cierto, una arraigada tradición familiar).

“A mis editores: A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semi miseria o aún peor, sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma. Emilio Salgari.”

SUICIDIOS EJEMPLARES

No planeo tirarme por el viaducto madrileño -está difícil con esa mampara anti muerto inminente que le pusieron hace años-, es que he empezado a leer Suicidios ejemplares, un libro de relatos de Enrique Vila-Matas (ya le tenía ganas), una colección de historias teñidas por “las nobles opciones de muerte que existen”. La cosa promete, y uno de los cuentos viene precedido por la siguiente cita de Séneca, otro ilustre suicida que se fue cortándose las venas al estilo romano, extraída de sus Epístolas morales a Lucilio.

“La cosa mejor que ha hecho la ley eterna es que, habiéndonos dado una sola entrada a la vida, nos ha procurado miles de salidas.”

Me voy unos días de vacaciones, y espero que todo el mundo siga ahí a mi vuelta. Vale.


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