Sólo para los (muy) fuertes

Preludio de la Navidad. Ni siquiera el más Mr. Scrooge (ahora profanado por el insufrible Jim Carrey) de los topos de estantería podría dejar de advertir dos signos inequívocos de la llegada de esta movida algo intimidante: la avalancha de libros de César Vidal (¿duerme este hombre? ¿come? ¿una tribu de oompa-loompas lo espabila cuando cae rendido sobre el ordenador?) y el desembarco masivo e irresistible de los ‘todo en uno’, esos tochos blindados en tapas duras que reúnen en un solo y gigantesco volumen obras varias de un mismo autor, relacionadas o no.

Por ejemplo, Todo Marlowe, publicado por RBA (tapas blandas, valga la excepción), que agrupa en un libro de 1.392 páginas los cuatro primeros casos de Philip Marlowe, el cínico, desencantado, sarcástico y duro detective creado por Raymond Chandler e inspirador de decenas de películas de la serie negra, como
El sueño eterno,
repletas de diálogos magistrales de este estilo:

HAY QUE ECHARLE VALOR
Haz la prueba y coge uno de estos volúmenes. ¿Dónde leerlos? En el transporte público te provocarán problemas logísticos y de convivencia, y quizá una hernia. En la cama te aplastarán. Y en el baño… Sin embargo, ahí están, y tienen su público, aunque en mi caso he de decir que cada vez que he caído en la tentación de hacerme con uno de ellos ha pasado mucho más tiempo en la estantería que en mis esmirriados brazos. ¿Apología del libro electrónico? No, pero el que no se asuste ante 1.000 páginas embutidas en medio kilo de papel que levante la mano. Y además, no tolero bien el dolor.

“Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros”, decía el maestro Borges. No estoy de acuerdo, pero es una frase tan buena y, sobre todo, tan aplicable a muchas de las novedades que atestan las mesas y estantes de las librerías… En cualquier caso, manejables o no, uno se puede topar con verdaderas joyas que despertarían el ansia del lector más inapetente.

Como la maravillosa Trilogía de Deptford de Robertson Davies (Libros del Asteroide, 1.224 páginas), uno de esos descubrimientos que avivan el placer de leer y del que ya he hablado por aquí; los Cuentos Completos de Robert Louis Stevenson, 960 páginas editadas por Mondadori (no admito bromas con Stevenson, si no te gusta es que NO TE GUSTA LEER); o, para corazones fuertes, la Trilogía de Auschwitz, de Primo Levi (El Aleph, 656 páginas), donde el autor italiano narra con sobriedad el horror de los campos de exterminio nazis, a los que acabó sobreviviendo para suicidarse en 1987, aunque aún existen dudas sobre la causa real de su muerte.

Por supuesto, hay cabida para libros más alegres que el de Levi. Así, La historia de mi vida (dos volúmenes, 3.648 páginas, Atalanta) de Giacomo Casanova, más que un personaje real, una leyenda; historias detectivescas victorianas como las de Sherlock Homes anotado (912 páginas, Akal), que contiene los cuatros relatos largos publicados entre 1887 y 1915 por Arthur Conan Doyle e incluye más de mil notas y un buen puñado de textos críticos y explicativos de Leslie S. Klinger, una autoridad sherlockiana mundial (qué puñeteramente británico es esto); y, para terminar este repaso mastodóntico, se puede probar con el arte y la fantasía representados por los Cuentos de imaginación y misterio (440 páginas, éste no da miedo), de Edgard Allan Poe, en versión de Julio Cortázar, con hermosas ilustraciones de Harry Clarke y muy bien editados por Libros del Zorro Rojo, un nombre joven a seguir.

Me asalta una duda: ¿se atreverá Destino a publicar la Trilogía Millennium de Stieg Larsson en un solo volumen? Me salen unas 2.300 páginas… ¿Quizá con un atril motorizado de regalo?

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5 comentarios

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5 Respuestas a “Sólo para los (muy) fuertes

  1. Francisco Jódar

    Hace ‘sólo’ 60 años exterminaban metódicamente a los judíos y otros e invadían países como el que toma cañas. Ahora van mejor, diría yo. Un alemán vegetariano leyendo a Thomas Mann = la imagen del aburrimiento perfecto. Te debo un mail.

  2. Pues aquí en Berlín triunfan esos volumenes voluminosos; filosofía alemana, tratados de ajedrez, parchís y oca -todo en uno-, manuales de instrucciones de electrodomésticos… todo lo que tenga un mínimo de 300 páginas (en el primer capítulo, of course) y sea lo más denso y coñazo posible triunfa como la Coca Cola. ¡Ah, y las velitas! ¡Les encantan las velitas! Leer a solas en los cafés y levantar de vez en cuando la vista para poner cara de mirar de lejos por encima de esas velitas que, vive Dios, te queman los brazos cada vez que vas a coger el azúcar. Son los únicos vegetarianos que he visto en mi vida que deben de cagar ladrillos de mazapán, cojones con el sesudismo germano. Con lo que mola leerse la roña de los pies.
    Semos nadie.

  3. Pep

    Si sacaran el de Larsson en un tomo aún habría gente que lo llevaria en el metro

  4. Francisco Jódar

    Claro, como el ABC con grapas no hay nada.

  5. Yo hay algo que soporto peor que el tamaño de los libros y es la letra pequeña. Quizás es porque soy ciego sordo e impotente desde los 18 años o porque me da más pereza, pero prefiero tener 100 tomos en casa para leer El principito en tamaño 42.

    Respecto al transporte y a los lomacos, es como los tebeos: mejor los de grapita, pequeñitos, me lo llevo al baño para cagar o mientras llega el metro.