Misantropía británica

¿Conoces a Philip Larkin (1922-1985)? Pues deberías, aunque no aconsejo leer a este poeta inglés a quien ande bajo de ánimo… Pero sí a quien sufra recurrentes ataques de misantropía.

VENTANAS ALTAS

Cuando veo a una pareja de jóvenes
y adivino que él se la tira y que ella
usa un dispositivo o toma pastillas,
sé que ése es el paraíso

que todo viejo ha soñado a lo largo de su vida.
Gesticulaciones y ataduras dejadas a un lado
como una anticuada segadora,
y cada joven deslizándose por una larga pendiente,

hacia la felicidad. Dudo que si alguien
me hubiese visto hace cuarenta años
hubiera pensado: esto debe ser la vida;
ya no hay Dios, ni exudaciones en la oscuridad

por el infierno y todo eso, o la necesidad de ocultar
lo que piensas sobre el cura. Él y los suyos
se deslizarán por la pendiente como libres
pájaros miserables. Y de inmediato, aun sin palabras,

llega el pensamiento de las ventanas altas:
el sol retenido en los vidrios, y más allá
el aire profundo y azul, que nada muestra
y que no tiene término ni lugar.

DINERO

Es así: periódicamente el dinero me reprocha
por qué lo dejo aquí sin utilizar.
“Soy lo que nunca tuviste, el sexo y las cosas buenas.
Tú puedes conseguirlas firmando unos cuantos cheques”.

Entonces miro qué hacen los demás con el suyo:
seguramente no lo dejan debajo del colchón.
Ellos ya tienen una casa en la playa, un coche y una mujer:
está claro que el dinero alguna relación guarda con la vida

-en efecto, tienen mucho que ver si lo averiguas:
no puedes postergar la juventud hasta que te jubiles
y por más que deposites tu sueldo, al final
tus ahorros apenas te permitirán pagar una afeitada.

Escucho el canto del dinero. Es como mirar
desde lo alto de un ventanal una ciudad de provincia,
sus barrios, el canal, las iglesias adornadas y locas
bajo el sol de la tarde. Es intensamente triste.

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1 comentario

Archivado bajo General, Poesía

Una respuesta a “Misantropía británica

  1. Qué gran mentira lo de la vida enfocada a la jubilación y el ahorro.

    A algunos les sale mal, a otros no tanto. Mi abuelo, gallego y viejo de nacimiento, lleva 23 años jubilado y subiendo. El cabrón a este paso estará más tiempo disfrutando del vino y la partida que desempeñando un trabajo alienante y castigador.

    Quien pudiese ser un puto viejo ya.