Nos vamos por el desagüe

A veces no está uno para nada. Me encontraba yo el otro día sentado en una de las salas del Museo Thyssen, fané y descangayado en medio de una exposición llamada Lágrimas de Eros en la que me había aburrido soberanamente (por suerte y por motivos que no vienen al caso, no había pagado entrada, así que no contribuí a financiar los pleitos de la baronesa y su hijo el seudoculturista), cuando un lúgubre pensamiento acudió a mi mente de sopetón: “Nos vamos por el desagüe”.

Ni siquiera una pieza de videoarte en la que un chino (¿o japonés?) mostraba un micropene que me reconciliaba con el mío levantó (ja, je, ji, jo, ju) mi moral. “Nos vamos por el desagüe”. Indefectiblemente. Inexorablemente. Irremediablemente. Impepinablemente. Somos los ríos que van a dar a la mar y todo eso.

EL DESIERTO DE LOS TÁRTAROS

Creo que mi pesada digestión tenía algo que ver, pero prefiero atribuir mi sombría melancolía a la lectura de El desierto de los tártaros, publicada en 1940 por Dino Buzzati (1906 – 1972), una breve novela sobre un militar destinado a una fortaleza fronteriza, monótona, polvorienta y absurda como una tarde de domingo, donde consume su vida en la espera de que lo saque del marasmo la invasión de los imaginarios tártaros del norte y la consiguiente guerra. En vano.

En la narración no pasa nada, y Buzzati se las arregla para crear un ambiente opresivo, angustioso y con un elemento dominante: el tiempo que se escurre entre los dedos, enterrando esperanzas y deseos y convirtiendo los días en los peldaños idénticos de una escalera de que no lleva a ninguna parte. Huele a Kafka, aunque es uno de esos libros que actúan como un reactivo y te incitan a aprovechar más la vida, a diferencia de los del autor de El Proceso, que te aplastan, sin más.

El final reserva a Giovanni Drogo -que así se llama el protagonista- una última y amarga vuelta de tuerca que lo deja a uno para el arrastre, sensación acentuada estos días por las manadas humanas que abarrotan las calles yendo a no sé dónde para comprar no sé qué. Será que no saben que se van por el desagüe. O quizá sea que lo saben demasiado bien.

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4 comentarios

Archivado bajo General, Novela

4 Respuestas a “Nos vamos por el desagüe

  1. Francisco Jódar

    Lo peor no es que nos vayamos por el desagüe, sino que encima hay gente empeñada en tirar de la cadena. Por cierto, acabo de tener un recuerdo alucinatorio: una peli del destape en el que la Baronesa Tita Cervera lucía unas bragas comestibles que Manolo Summers se comía con deleite. Ah, y el Thyssen vende condones -Durex, creo- en cajas decoradas con algunos de sus cuadros más famosos.

    Hombre Elefante: tó el cagao pa tu trompa.

  2. No lo he leído, pero es una de las pocas recomendaciones que no me molestaré en leer: el espíritu taciturno y triste es propio de la juventud. Yo he superado eso. Estoy POR ENCIMA del jodido bien y del mal. Solo leeré libros de triunfalistas, hombres de bien, futuros de ensueño con praderas y cielos azules, ilustradas en pastel a lo Atalaya (la revista porno para los testigos de Jehová).

    Escritores envenenados y románticos: id a pudrid el alma de vuestra puta madre.

  3. Sonya

    Pues sí, nos vamos por el desagüe….