Aún hay clases

En las próximas semanas, dos novelas históricas van a entrar en las listas de los libros más vendidos para quedarse una buena temporada. La primera es Venganza en Sevilla (Planeta), de Matilde Asensi, una aventura ambientada en la populosa capital andaluza de principios del XVII. Basta descargarse el primer capítulo de la web de la autora para advertir el olor a coñazo homérico y prosa funcionarial, espesa, gallinácea y más plana que una entrevista con Indurain. Pero nos hartaremos de verla en el metro y las playas.

La segunda es El asedio, de Arturo Pérez-Reverte (la publica Alfaguara el 3 de marzo), y aunque él niega que sea una novela histórica, se desarrolla en Cádiz durante 1811 y 1812. No sería mala cosa que PP y PSOE introdujeran en su hipotético Pacto por la Educación una cláusula que incluyera algunos relatos de Pérez-Reverte en los planes de estudio. Las aventuras del capitán Alatriste están bien escritas -uno descubre la pobreza del castellano que hablamos cotidianamente-, divierten, enganchan y en ellas se aprende bastante más historia que en las clases de la mayoría de profesores de ESO (qué nombre tan definitorio). Cabo Trafalgar o Un día de cólera son también recomendables ejemplos del género preferido por los españoles, según proclaman las estadísticas año tras año.

Asensi desciende del infantiloide Dan Brown; Reverte, de Alejandro Dumas, rey del folletín histórico con clase. Y no es lo mismo.

NOTA: En breve, mi top de novelas históricas (no sale Ken Follett, aún no soy una vecinita).

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