“El mundo es poco”

La globalización empezó el día que un pequeño grupo de homo sapiens salió del África originaria para expandirse desde Oriente Medio al resto del planeta. Desde esa fecha (hace más de cien mil años, dicen los antropólogos e historiadores) hasta 1492, la especie humana pasó por una larga etapa de diferenciación cultural que llegó al extremo de que dos hombres pudieran encontrarse sin reconocerse apenas como miembros de la misma especie. Pensemos, por ejemplo, en el primer choque (¿hay una palabra más descriptiva para el caso?) de un conquistador español con un indígena del Amazonas.

Ese proceso de escisión encontró un brusco final en 1492, con el primer viaje de Colón a América. Por supuesto, antes de esa fecha habían existido numerosos intercambios articulados por lo general en torno al comercio y la guerra, pero es ahí cuando arranca de verdad el empequeñecimiento de la Tierra, y es ahí donde se inicia la convergencia en la que vivimos plenamente inmersos, de la que dan fe acontecimientos que van de los terremotos bursátiles que se contagian en minutos al Mundial de fútbol (Japón 1 – Camerún 0 en el momento de escribir estas líneas). Colón dejó escrito “el mundo es poco”, convencido de que el globo era menor de lo que se pensaba, y aunque erró sus calculos, no sospechaba hasta qué punto tenía razón.

1492. El nacimiento de la modernidad (Debate, 376 págs, 22,90 €) es el ensayo con el que Felipe Fernández-Armesto (Londres, 1950), historiador británico de origen español, intenta explicar los acontecimientos que dieron lugar a nuestro mundo y siguen conformándolo hoy. Para ello ha elegido una fecha monopolizada en la historia por la odisea de las tres carabelas castellanas, que “… ha vuelto invisibles para los lectores el mundo que lo rodeaba, el que hacía inteligibles las consecuencias de su viaje”, en sus propias palabras.

RELATO PANORÁMICO
El libro intenta contextualizar y dar sentido a la travesía colombina. Cuando los navegantes occidentales descubrieron las corrientes y vientos que hicieron posible la llegada a América y la posterior exploración del planeta comenzó el proceso que -con retrasos, dificultades y frustraciones- casi ha concluido: hoy, el mundo es uno. La pequeña y pobre Europa encontró la llave del camino para aumentar su poderío y eclipsar a asiáticos y musulmanes. Lo paradójico es que sin los inventos chinos (la decisiva pólvora, la brújula, el papel, la imprenta, el papel moneda…) no habría podido hacerlo, y hoy China ha despertado para reclamar su papel de superpotencia usando como palanca ideologías e invenciones occidentales. La historia se repite, quizá, pero tan disfrazada que resulta casi irreconocible.

Fernández-Armesto nos lleva a 1492 y nos conduce en un viaje por el tiempo y el espacio a la España de los Reyes Católicos, la Italia renacentista, el África subsahariana y el islam, Rusia y su expansión hacia el este, Japón, China y Corea, el océano Índico y las sociedades americanas… Civilizaciones que antes o después iban a cambiar radicalmente a causa del descubrimiento de América y que el historiador retrata con precisión, dando las claves y porqués de cómo iba a afectarlas el nuevo rumbo de las cosas.

Con un estilo conciso, ágil y ameno, el autor sintetiza toneladas de información en una panorámica general apasionante en la que no pasamos una página sin toparnos con una idea nueva, un acontecimiento desconocido o un dato sorprendente, como cuando leemos a Andrés de Bernáldez, sacerdote y cronista castellano, narrar la explulsión de los judíos de España y  echarles en cara “… la fetidez de su aliento y el hedor de sus casas y sinagogas, que atribuía al uso de aceite de oliva para cocinar”, pues los castellanos medievales evitaban el aceite de oliva y preferían la manteca.

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