Diario del año de la peste

Imagina una fuerza arbitraria y burriciega que dispusiera de las vidas de sus víctimas sin criterio alguno. Ahora deja de pensar en tu jefe y dirige tus sumisos ojos a la peste bubónica que asoló Londres entre 1664 y 1666, retratada por Daniel Defoe (1660-1731) en el Diario del año de la peste (Impedimenta, 328 págs., 19,95 €).

Defoe -sí, el de Robinson Crusoe publicó en 1722 esta obra, oscurecida por la fama del náufrago más ilustre de la literatura. Ni novela ni crónica, ni reportaje -aunque muchos consideran a su autor padre del periodismo moderno- ni historia, el Diario… sigue la tradición de los ensayos ilustrados del XVIII y emplea el artificio de presentar los acontecimientos que relata a través del falso diario de un presunto testigo visual.

En realidad, Defoe se valió de crónicas de la época, tratados médicos, testimonios orales y quizá algunos recuerdos infantiles para crear una relación de unos meses terribles, reflejados con los trucos del reportero más curtido. Así, mezcla hábilmente anécdotas e historias truculentas y sentimentales con ejemplos de la piedad y el salvajismo de los hombres, y reserva su espacio para la crítica social, las hipótesis, las estadísticas, la exigencia de responsabilidades políticas y los consejos para prevenir futuras plagas y combatirlas con eficacia.

El conjunto resulta desordenado, pero muy eficaz y sorprendentemente moderno, tanto como el estilo de Defoe, que consiste más bien en una hosca ausencia de estilo y una naturalidad que consigue siempre decir lo que quiere. Sólo en un aspecto se aleja visiblemente el escritor inglés de la mentalidad de hoy: aunque se esfuerza constantemente por seguir la razón y la ciencia, que empezaban a imponerse de la mano de la Ilustración, su Diario del año de la peste no deja de ser una especie de sermón, como señala acertadamente José C. Vales en la introducción.

Defoe era un puritano religioso, un moralista que sólo podía entender los estragos de la peste como un castigo divino del que Londres no acabó librándose por la medicina, sino por la compasión de Dios, que juzgó suficiente el daño infligido a los impíos londinenses y detuvo la plaga cuando más víctimas causaba. Quizá en ese forcejeo de la mentalidad del hombre casi medieval con la del contemporáneo resida el mayor atractivo de esta narración por momentos terrorífica.

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6 comentarios

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6 Respuestas a “Diario del año de la peste

  1. Francisco Jódar

    Las novelas de Greene me las llevaría al infierno, está entre mis favoritos. ‘Lolita’ no me acabó de atrapar, quizá debería volver a hincarle el diente. Y ahora mismo estoy flipando con ‘Los detectives salvajes’, de Roberto Bolaño. Estoy por la mitad y como no decaiga me va a parecer una de las mejores novelas que he leído en la vida.

  2. Anónimo

    “Le matarón por preguntón”, terminaba Buñuel el cuento que hacía de un asesinato en el DF. A ver:
    El revés de la trama y Lolita. Son dos…

  3. Francisco Jódar

    Gracias, Clemente. ¿Y cuáles son los otros cuatro?

    Abrazos

  4. clemente

    Uno de los mejores libros que he leído en mi vida. Uno de mis cinco libros. Excelente ojo, caballero. Abrazos

  5. Pek

    Es recomendable para leerlo en la cola de los juzgados de Plaza de Castilla.

  6. gonzajda

    joder joder joder…hay que estar de muy buen humor para atreverse con este ensayo.