En el trono

La taza del váter. Lugar de placer y dolor crucial en la vida de cualquier persona (del mundo rico o menos pobre, que el resto caga dónde y como puede), y en especial en la existencia de las modelos de pasarela, tan castigadas por las heces caprinas, según se dice. ¿Qué leen ellas sentaditas en el trono? ¿Revistas de life-style? ¿Paulo Coelho? ¿Etiquetas del champú? (estupendas las del desodorante del DIA que vienen en griego, te sientes culto y mejor).

Doy por seguro que alguna universidad americana habrá echado ya las cuentas de las horas que pasamos cagando en nuestras vidas. Lo que no se ha cuantificado, que yo sepa, es el tiempo que gastamos leyendo en ese paraíso o infierno, ni qué tipo de lecturas acompañan a nuestras aventuras y desventuras en plena evacuación.

Hay obras laxantes y astringentes. Entre las primeras me permito recomendar El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger (1919-2010), el inspirado retrato de un adolescente arisco y peleado con el mundo adulto, un éxito que ha vendido más de 60 millones de ejemplares desde su publicación y que aún despacha unos 250.000 cada año. La novela, publicada en 1951 y ya considerada un clásico, es ejemplar por la forma en que Salinger se mete en la piel de Holden Caulfield, un chaval de 16 años que sabe que la vida que le espera es una estafa y se resiste a entregarse, y supuso un cambio radical en el tratamiento literario de la adolescencia. ¿Habría sido tanta su repercusión si Salinger no hubiera sido un tipo esquivo que dejó de publicar y se borró de la vida pública hasta su reciente muerte?

En cualquier caso, es una lectura estupenda para una lenta tarde de domingo veraniego, y una actividad más barata que pujar por el inodoro de Salinger, subastado en eBay por un comercio de antigüedades de California -precio de salida: un millón de dólares- que jura y perjura que procede de la casa que Salinger habitó durante muchos años en New Hampshire hasta su muerte el pasado enero.

Como argumento comercial, el vendedor afirma que “la viuda del escritor heredó todos sus manuscritos con la idea de publicarlos. Quién sabe cuántas de esas historias se concibieron y pasaron al papel mientras Salinger estaba sentado en su trono”. Salinger, qué sabio fuiste al quitarte de la circulación.

P.D.: ¿Recuerdas alguna lectura inolvidable en el trono? ¿Recomendaciones?

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5 comentarios

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5 Respuestas a “En el trono

  1. Yo tengo a mano el Fotogramas y la revista MAD.

  2. Más cerca de Dios que de un enano

    La lectura más óptima para leer en el trono es, sin duda, el envoltorio del phoskito que suelo comer a la vez. La cantidad de aditivos, colorantes y conservantes del mismo hacen que mi flora intestinal se reactive y evacue con mayor ligereza.

    Si no tengo phoskitos a mano, simplemente leo EL JUEVES.

  3. El hombre elefante

    Yo leo tebeos, que son como muy subnormales, muy idóneos.

    Últimamente he leído la trilogía Blacksad, me gustó, por cierto Jodar te los voy a dejar, para que tu también los leas en el WC y te lleguen los olores mefíticos de mis heces.

    Otras lecturas de cabecera laxante: Tendencias Mag, Vanidad, Revista VICE y todo lo relacionado con la postmodernidad. También cualquier revista editada en FOCUS EDICIONES, es muy de disfrutarse en el excusado.

  4. gonzajda

    Yo siempre espero que me pase como a Vincet Vega en ” Pulp Fiction ” y estoy alerta y con la escopeta preparada para responder… así que no puedo leer…

  5. Ramiro

    Efectivamente, hay un estudio, pero escocés, no americano…

    27,5 minutos al día en el cuarto de baño, de los cuales, 15 minutos son dedicados a la noble actividad de cagar.

    Esto es, pasamos cagando 1 hora y 45 minutos a la semana, 3,8 días al año o algo más de 9 meses en nuestra vida (suponiendo una vida media de 75 años).

    Respecto al tiempo leyendo en el baño, no tengo datos, sorry. Lamentablemente, durante gran parte de nuestra vida -hasta los 45 – dedicamos más tiempo a cagar que a leer. Suponiendo que la mitad de nuestra lectura la hiciésemos en el trono, en esos 45 años habríamos leído unas 1.000 horas.