Los detectives salvajes

“He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así”.

Lacónica y sugerente arranca Los detectives salvajes (Anagrama), la novela que empezó a dar fama al chileno Roberto Bolaño (1953-2003), convertido en un autor de culto desde entonces y consagrado con 2666, la obra póstuma que le hace pensar a uno hasta donde habría llegado este escritor excepcional si la muerte no se lo hubiera llevado prematuramente.

Los detectives salvajes es la novela que devolverá al redil a los descreídos de la narrativa y fortalecerá la fe de los catecúmenos de la literatura. Se trata de una historia -siempre al filo de la pesadilla y la paranoia-, que nos lleva por México, Nicaragua, España, Francia, Israel, los EE.UU., Austria y África de la mano de dos personajes fantasmales que vertebran la compleja trama: Ulises Lima y Arturo Belano, embarcados durante dos décadas en la errante búsqueda de una escritora casi desconocida desaparecida en tiempos de la Revolución mexicana.

Por el camino nos topamos con un alud de sucesos -en las novelas de Bolaño no dejan de pasar cosas, en una especie de horror vacui argumental- y personajes, enhebrados en una narración distante y eléctrica, salpicada de un extraño sentido del humor, más cerca de la mueca que de la sonrisa. Leer a Bolaño es asumir el papel de ratón frente a un gato mucho más listo y poderoso que juega con uno como quiere. Hazlo, no te arrepentirás.

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3 comentarios

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3 Respuestas a “Los detectives salvajes

  1. Francisco Jódar

    Habrá que leer más cosas de Bolaño, pero con precaución, porque a raíz de su éxito póstumo van a acabar publicando hasta sus facturas.

  2. Brutal es poco, Bolaño es mucho más que lectura, es una experiencia y seguramente “Los detectives salvajes” es su obra más redonda. No es que sea mejor que 2666 (la he terminado hace unos días y todavía estoy en estado de shock) pero sí más redonda, espero que aunque me explico mal me entendáis.

    HAY QUE LEER A BOLAÑO.

    Saludos,

    Carmelo

  3. Sonya

    Creo que pocos libros me han entretenido tanto.