De vinos

Bebo vino porque: 1) Me gusta; 2) Pega. Esta última condición es importante para mí, pero no me convierte en un borracho (que no, mamá), ni en un elemento a marginar (que no, Leire Pajín). Beber me encanta, y el papel del alcohol en nuestra sociedad me parece importante siempre que se mantenga en el territorio del sentido común, la educación y la salud. No soy Bukowski ni tengo intención de serlo, pero achisparme (chuzarme, a veces) en compañía me parece una costumbre civilizadora y digna de conservarse. Además, en la Biblia bebían (¡las impías hijas de Lot emborracharon a su padre para fornicar con él!), y por algo seguirá siendo el mayor best-seller de la historia de la humanidad.

También creo que enriquecer los placeres con conocimiento aumenta su intensidad y profundidad, y de pocas cosas puede decirse eso con mayor fundamento que del vino. La cosa tiene más gracia cuando sabes lo que bebes y lo haces con alguien que domina el asunto, sin ser uno de los presuntuosos pelmazos brotados al calor de la llamada “cultura del vino” para impartir doctrina, cuando no distinguirían en una cata a ciegas un tinto de El Bierzo de un Rioja, ni han identificado en su vida un “aroma especiado a vainilla y cilantro con reminiscencias de roble americano” (yo tampoco).

INICIACIÓN AL VINO
En los últimos años, el vino se ha convertido en una materia de una sofisticación afectada, a menudo de la mano del marketing puro y duro o la simple gilipollez, pero es posible adquirir nociones básicas para disfrutar más, quedar bien en ciertas ocasiones o incluso vacilar al personal (ese odioso comercial que va de sibarita…) y pasar por un profundo conocedor de la materia. Por ejemplo, leyendo Saber de vino en 3 horas (Planeta, 256 págs., 16,90 €), la guía rápida que Federico Oldenburg, periodista especializado en vinos y gastronomía, ha escrito para quien desee adentrarse de una forma sencilla y amena en los secretos del vino, teniendo siempre presentes dos cosas: los gustos de cada uno son tan válidos como los de cualquiera, y de lo que se trata aquí es del placer.

La mayor virtud del texto de Oldenburg es el sentido del humor (se agradece que, con lo que sabe, no se tome muy en serio a sí mismo) y la irreverencia con que trata los dogmas vinícolas. Sí, se puede leer en tres horas, y cuando lo acabas sabes mucho más de vino y estás listo para cachondearte de tu cuñado el catacaldos. En suma, un manual de iniciación perfecto para tener siempre a mano.

VINO EN EL SÚPER
Siguiendo con la materia, Los libros del lince acaba de publicar Los supervinos 2011 (224 págs., 17,50 €), una guía práctica elaborada por Luis Tolosa, sociólogo y escritor especializado en vinos desde hace quince años. La metodología es sencilla: Tolosa y sus colaboradores han catado a ciegas cientos de vinos distribuidos en supermercados y superficies comerciales de toda España. El objetivo: elegir 120 blancos, rosados, tintos y cavas, con una condición: los vinos no pueden costar más de 6,99 euros ni los espumosos más de 11,99.

La clave es elegir vinos con una magnífica relación calidad/precio (España es uno de los pocos países donde puedes comprar buenos vinos por cuatro o cinco euros) y ofrecer al consumidor menos versado una ayuda para elegir caldos de nivel pero asequibles. Las recomendaciones se hacen con un lenguaje sencillo y alejado de tecnicismos, y el libro puede utilizarse como una guía de cata estupenda para llevársela al súper e iniciarse en el riquísimo mundo del zumo de uva fermentado.

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