Cadáveres exquisitos

Si delante de un médico es difícil mantener la dignidad, cómo será la cosa ante un médico forense. Afortunadamente, de llegar a esa situación lo haremos en modo fiambre, así que no preocuparse, ni tampoco alarmarse por la posible indiscreción del destripacadáveres (las maldades no se escuchan a dos metros bajo tierra), aunque este sea tan chismoso como Thomas T. Noguchi (Japón, 1927), el “forense de las estrellas”, el hombre que ejerció la medicina forense en el condado de Los Ángeles entre 1961 y 1982 y que tuvo el privilegio de diseccionar a Marilyn Monroe, Robert Kennedy, Janis Joplin, Sharon Tate, Natalie Wood, William Holden y John Belushi, entre otros, para desentrañar las causas de sus muertes.

A Noguchi le cayó en suerte una época rica en cadáveres célebres fenecidos en circunstancias dudosas o terribles, y la aprovechó para saciar su sed de notoriedad con multitudinarias ruedas de prensa, declaraciones polémicas e hipótesis arriesgadas que llevaron a su destitución. El poco discreto Noguchi no se resignó a callar y por eso publicó en 1987 Cadáveres exquisitos, una especie de memorias profesionales donde cuenta con la minuciosidad propia de su oficio los detalles de todas esas muertes de famosos que tanto nos gustan a los gusanos televidentes amantes de la carne putrefacta.

El libro, traducido por Ezequiel Martínez Llorente para la editorial Global Rhythm Press, no pasará a la historia de la literatura, quizá ni siquiera de la forense, pero abunda en detalles satisfactorios sobre la muerte, ese acontecimiento repulsivo, terrorífico y fascinante que siempre le pasa a los demás, aunque puestos a hablar de dar matarile y similares, prefiero la aproximación del exquisito Thomas De Quincey (1785-1859) en Del asesinato considerado como una de las bellas artes:

“Si uno comienza por permitirse un asesinato pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del Día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente”. Bien dicho, Tom.

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