Curveando

“Sólo necesito el cielo sobre mi cabeza y el suelo bajo mis pies’. Robert Louis Stevenson. (Y una óptica Leica entre mis manos, añado). Alquilé una moto, metí primera, solté gas… y comencé a recorrer estos parajes sorteando mil y una curvas de ensueño”.

Quien escribe lo anterior, añade la óptica y mete primera es Rafa Gassó, un periodista y fotógrafo a la vieja usanza, aunque quizá no lo sepa. Es decir: sin carrera (ni falta que le hizo semejante pérdida de tiempo), ni capacidad para calentar sillas ni trepar (o reptar) en una redacción, ni abrigado por el dulce conformismo del ir tirando, cumplir y pasar el rato hasta que llega la hora de largarse y dejar de hacer el tonto (es que pagan).

De hecho, este tipo lleva incorporado en algún sitio un potente imán para atraer las hostias volanderas que se reparten en tantas redacciones (he presenciado el fenómeno) y su pronto le traiciona. Cuando alguien le cae mal, se le nota demasiado. Lo lleva crudo.

CARRETERA Y SIN MANTA
Con semejantes credenciales y barruntando un ERE en la revista donde trabajaba, Gassó decidió en su día largarse un par de meses a Essaouira (Marruecos) a terminar la novela que le persigue desde hace años, pero, en una vuelta de tuerca muy suya, acabó vagando por el sudeste asiático (Indonesia, Malasia, Vietnam, Camboya…), la India y Nepal: más de 80.000 kilómetros de curvas y tumbos por tierra, mar y aire en menos de un año, con una estación final también inesperada: Berlín.

Curveando, que es gerundio fue el blog en el que Rafa Gassó narraba a salto de mata las vicisitudes de su odisea y ahora lo ha ‘formateado’ a libro (electrónico) disponible en lulu.com por 7,96 €. La distinción es importante, porque Curveando… fue concebido como un rosario de fragmentos por los que triscar, una aventura rabiosamente subjetiva que mejora si se sigue conectado a Internet, con Google Maps a mano para disfrutar de la antigua manera de leer libros de viajes y el añadido tecnológico de poder ver fotos de los remotos lugares que se suceden sin descanso.

El texto no es una guía de viajes ni pretende serlo, pero puede leerse como tal para extraer útiles enseñanzas que ayudarán al viajero a sobrevivir a un infernal viaje en bus por el interior de la isla de Sumatra o a tratar con vietnamitas desabridos, entre otras muchas situaciones más o menos comprometidas, aunque no siempre será recomendable seguir los pasos del autor, muy dotado para salir bien parado de las broncas, tanto que traza mejor las curvas cuando se pone macarra y políticamente incorrecto. Por ejemplo, en Indonesia: “Y se me ocurre que de beberme una segunda Bintang (cerveza) y tener un bazoka a mano enviaba a tomar por culo el minarete más cercano”.

Curveando… es una lectura divertida, con la ventaja de no haber sido escrita para agradar a nadie y por tanto sincera, la crónica rica en digresiones de un vagabundeo que propone apagar el ordenador, mandarlo todo al carajo y lanzarse a la aventura o, al menos, escaparse por un rato de la rutina oficinesca que algunos culos inquietos (como Gassó) no soportan.

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