Solaris

A su muerte en marzo de 2006, a los 84 años, el escritor polaco Stanislaw Lem era tenido por muchos aficionados a la ciencia ficción como uno de los más grandes del género, cuando no un peso pesado de la literatura fantástica o, simplemente, la literatura a secas.

En 1961 publicó Solaris (Impedimenta, 296 págs, 20,95 €), su novela más conocida -gracias a las versiones cinematográficas de Andréi Tarkovski y la más reciente de Steven Soderbergh-, que ahora nos llega por primera vez en traducción directa del polaco. Este relato lo convirtió en un escritor de culto, respaldado por una obra sólida y original y traducido a más de cuarenta idiomas, algo extraordinario para un autor de habla no inglesa volcado en el muy anglosajón territorio de la ciencia ficción.

PLANETA INTELIGENTE
La trama arranca con la partida de Kris Kelvin al planeta Solaris, adonde es enviado con la misión de evaluar el estado psicológico de los tres tripulantes de la estación de observación allí situada. Solaris es un mundo extraño y con un único habitante que cubre toda su superficie: una especie de océano vivo y, al parecer, inteligente, aunque de una forma que los seres humanos que intentan ‘comunicarse’ con ‘él’ no consiguen descifrar. A su llegada a la base, Kelvin comienza a advertir la presencia de personas que no pueden (que no deben) estar allí, entre ellas su mujer, quien se había suicidado unos años antes y no recuerda nada de su anterior vida.

A partir de ese sugerente punto de partida, Lem crea con destreza una atmósfera claustrofóbica e inquietante, dosificando sabiamente el suspense y las situaciones tensas, nunca resueltas de forma convencional y alternadas con descripciones de los fenónemos físicos que afectan al océano -quizá los pasajes menos logrados- y con un repaso a la Solarística, el estudio del indescifrable planeta desde su descubrimiento, unas páginas estas últimas tan evocadoras del Borges compilador y crítico de libros imaginarios que me gusta pensar que al maestro argentino no le habría importado escribir esta novela.

TALENTO Y AMBICIÓN
Como obra de ciencia ficción, Solaris tiene todo lo que hay que tener: la presencia de lo maravilloso y lo desconcertante, paradojas, ingenio, intriga, terror velado y hasta una historia de amor que casi la emparenta con la novela gótica. Pero, como todo gran logro literario, trasciende su género y sus planteamientos se disparan en muchas direcciones.

Así, Lem consigue que nos preguntemos si de verdad podemos conocer el universo o comunicarnos con inteligencias alienígenas inhumanas en el sentido literal del término, si hay forma de escapar de la soledad o saber quiénes somos y si tendremos el valor de mirar dentro de nosotros mismos y aceptar lo que veamos, y todavía le queda talento y ambición para reflexionar irónicamente sobre las posibilidades de la ciencia ficción como género y exhibir su maestría como narrador sobrio, ágil, pleno de recursos y deslumbrantemente inteligente.

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