Andar y contar

Dos verbos que describen con exactitud el trabajo periodístico de Manuel Chaves Nogales (1897-1944). Y para qué más. El reportero, cara a cara con los protagonistas de la historia, testigo de primera mano y no de oídas de los cataclismos que transforman el mundo y que él transmite a sus lectores honrada y humildemente, hasta donde llega su capacidad, sin subirse a un púlpito a decirle al personal lo que tiene que pensar, respetándolo.

Así era el estilo de este periodista sevillano partidario de Azaña, que abandonó España en 1937 asqueado del salvajismo de la Guerra Civil, y que tras muchos años de olvido sectario de unos y otros está siendo recuperado en los últimos tiempos por editoriales como Libros del Asteroide. Ahora le toca el turno a Lo que ha quedado del imperio de los zares (Renacimiento, 360 págs., 24 €), el libro que reúne los reportajes y entrevistas que publicó en el diario Ahora en enero y febrero de 1931, centrados en los emigrantes de la Rusia zarista, huidos tras el triunfo definitivo de los bolcheviques.

La España de la época sentía un gran interés por la revolución rusa, su éxito y la experiencia de la Unión Soviética, y Chaves, con instinto periodístico, ya había publicado en 1929 La vuelta al mundo en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja, un volumen de reportajes fruto de sus viajes como enviado especial de El Heraldo de Madrid, así que sabía qué terreno pisaba. Tanto, que fue uno de los primeros occidentales en criticar los desmanes de la dictadura soviética (como ya había hecho con los de los zaristas), algo nada fácil en aquellos días, ya que suponía ponerse al margen de lo ‘políticamente correcto’ en los años 30.

El brillante periodista español se entrevistó en París, principal destino del exilio ruso, con figuras de todos los estratos y jerarquías sociales para hacerse una fiel idea de la composición de aquella Rusia en miniatura, más de dos millones de personas que habían tenido que salir de su país con lo puesto para ganarse la vida por todo el mundo. Frente a la cámara del fotógrafo que le acompañaba desfilaron personajes decisivos como Kerenski, que tuvo el destino de la revolución en sus manos; el gran duque Cirilo, heredero legítimo de Nicolás II; actores, artistas y escritores; militares, políticos y nobles y damas completamente arruinados y empleados como taxistas y mozos de carga; cosacos y obreros…

Decenas de vidas folletinescas y casi inverosímiles pasaron ante la ecuánime y personal mirada de Chaves, que supo moverse por ese variopinto universo de exiliados y desvanecerse para actuar como intermediario entre una realidad compleja y un lector al que no cuesta imaginar abriendo cada mañana el Ahora por la página de Chaves para apasionarse con reportajes que son gran periodismo.

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