Borgiano

Se supone que el mayor triunfo para un escritor consiste en el improbable hecho de seguir siendo leído años (o siglos) después de su muerte, pero quizá exista un signo superior de éxito literario, uno que, paradójicamente, no requiere el conocimiento ni siquiera superficial de su obra: que su nombre derive en adjetivo usado por el personal. Así, todos (y más los periodistas) hemos utilizado hasta la náusea aquello de “dantesco” y “kafkiano”, pero también -aunque esto sea menos común- “lorquiano”, “borgiano”…

Borgianas, por ejemplo, son las iniciativas de Brewster Kahle, que fundó en 1986 Internet Archive con el propósito de recopilar y ofrecer acceso gratuito a TODO (webs, software, audio, vídeo…) lo que exista en formato digital, y que ahora prosigue con su titánica y de antemano perdida batalla contra el olvido con un nuevo proyecto que pretende conservar en gigantescos contenedores ignífugos un ejemplar físico de cada libro que se publique, no para su consulta, sino para su preservación.

Una tarea colosal y, por seguir con los adjetivos librescos, quijotesca, que me hace pensar en un enorme almacén repleto de tesoros al estilo de aquel en el que reposaba el Arca de la Alianza al final de la primera y mejor película de Indiana Jones, un repositorio de saber y memoria física al que dirigirse para descansar del brillo de nuestras pantallas digitales.

Me gusta creer que a Borges, autor del cuento La biblioteca de Babel (“El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales…”) le habría gustado la empresa de Kahle, y que la idea podría haberle inspirado un relato que habría figurado en sus Cuentos completos (Lumen, 560 págs., 32,90 €), el volumen que reúne por vez primera todas sus narraciones, una lectura perfecta para volver a asombrarse con el escritor argentino ahora que se cumplen 25 años de su muerte.

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