Ciencia oculta

Hay que reconocerlo: Íker Jiménez pilota con mano firme ‘La Nave del Misterio’ y vende muy bien las historias que cuenta. Otro asunto es si se las cree (sería digno de un estudio psicológico) o no (aquí entraríamos en el campo de las escuelas de negocios), pero lo cierto es que lo conocen las abuelas y los niños y -presumiblemente- se está forrando gracias a las presuntas conexiones entre los mayas y los extraterrestres, las caras de Bélmez, las psicofonías…

El chiringuito que ha montado tiene su mérito, pero lo que no acabo de entender es por qué encontramos tan llamativo lo esotérico y no prestamos más atención a la ciencia, mucho más compleja y apasionante, inabarcable y que influye decisivamente en nuestras vidas aunque huyamos de ella aterrorizados por el recuerdo de nuestos días de estudiantes.

Quizá haya una explicación en nuestra carencia de buenos divulgadores científicos, más presentes en el mundo anglosajón. Uno de estos maestros en explicar lo terriblemente complejo con gracia, buen humor y claridad es Bill Bryson (EE.UU., 1951), un periodista y escritor asentado en Gran Bretaña desde 1977, que ha hecho carrera como autor de libros de viajes y acaba de publicar En casa. Una breve historia de la vida privada, una obra que supongo tan documentada, apasionante y bien escrita como Una breve historia de casi todo (RBA, 25 €, 11 € en edición de bolsillo), donde recorre desde el punto de vista de la ciencia lo que pasó entre el Big Bang y lo que somos ahora, espoleado siempre por esta pregunta: cómo llegamos a saber lo que sabemos.

Parece difícil, pero materias tan aparentemente aburridas como la física, la geología o la química pueden convertirse en narraciones casi policiacas; las vidas de muchos científicos y la historia de cómo llegaron a realizar sus descubrimientos resultan amenas si encuentran una pluma tan vigorosa, humorística y llena de talento como la de Bryson para contarlas.

EL UNIVERSO ES RARO, RARO
¿Sabías que cuando dos bolas de billar se tocan en realidad no chocan, sino que “los campos de las dos bolas que están cargados negativamente se repelen entre sí”? De hecho, “si no fuese por sus cargas eléctricas podrían, como las galaxias, pasar una a través de la otra sin ningún daño”. ¿O que cada uno de los átomos que te conforman ha sido parte de varias estrellas y millones de organismos, por lo que “todos somos reencarnaciones, aunque efímeras”? ¿O que el agua de la Tierra es un sistema cerrado, del que no se puede añadir ni sustraer nada y que por tanto “el agua que bebes ha estado por ahí haciendo su trabajo desde que la Tierra era joven, hace 3.800 millones de años”?

Son solo tres ejemplos de los asombrosos conocimientos que pueblan el entretenidísimo libro de Bryson, donde también podemos leer esta cita del biólogo J. B. S. Haldane: “El universo no solo es más raro de lo que suponemos. Es más raro de lo que podemos suponer”. ¿A quién le interesan los fantasmas, habiendo neutrinos?

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