Levadura de malicia

El canadiense Robertson Davies (1913-1995) es un escritor poco conocido en España. Mejor, porque así puede darse uno el gusto de descubrir un novelista original, de aire victoriano pero moderno, inteligente, con una escritura concisa y elegante, un irónico lúcido pero amable y compasivo que sabía penetrar en el alma humana mientras construía tramas divertidas y apasionantes con un punto de vodevil intelectual.

Libros del Asteroide lleva unos años recuperando en nuevas traducciones las novelas de Davies, que él mismo concebía de tres en tres y que agrupó en trilogías. La editorial barcelonesa comenzó con la Trilogía de Deptford (escrita en los 70, una obra maestra y quizá la más adecuada para adentrarse en su obra); prosiguió con la Trilogía de Cornish (publicada en los 80) y ahora nos ofrece Levadura de malicia (1954), el segundo volumen de la Trilogía de Salterton, primera de las suyas (hay una última y cuarta, la Trilogía de Toronto, pero el autor murió cuando solo le había dado tiempo a escribir sus dos primeras entregas: Asesinatos y ánimas en pena, de 1991, y Un hombre astuto, de 1994).

Levadura de malicia nos sitúa en Salterton, una imaginaria ciudad canadiense con todos los males de las localidades pequeñas y provincianas: la maledicencia, el cotilleo y el escrutinio asfixiante de las vidas de los otros. La historia arranca con el anuncio en un periódico local del falso compromiso matrimonial de dos jóvenes de la ciudad, excusa para el desarrollo de un argumento muy teatral (Davies trabajó como actor en Inglaterra, escribió obras de teatro y las produjo) donde brillan un fino y sutil sentido del humor, la facilidad para los diálogos y la habilidad al ensamblar peripecias tragicómicas en narraciones que se leen de un tirón y casi siempre con una sonrisilla en la boca.

La Trilogía de Salterton supuso el debut novelístico de este imaginativo creador que se reveló con cuarenta años cumplidos, ya maduro y con más recursos de los que suelen manejar principiantes más jóvenes. Levadura de malicia no alcanza la categoría de sus posteriores libros, pero en ella muestra ya su capacidad para describir ambientes y profesiones, su sabiduría, su perspicacia psicológica y su maestría al escribir relatos tan fáciles de leer como cultos, entretenidos en el mejor sentido, vitalistas, densos y repletos de ideas y dilemas morales.

Francamente, no se me ocurre ninguna razón para no leer a Robertson Davies.

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