Apocalipsis sangriento

Algunas novelas se van abriendo paso poco a poco, sin molestar, pero Meridiano de sangre, publicada en 1985 por el estadounidense Cormac McCarthy (de actualidad por su nueva obra, El Sunset Limited), empieza a repartir directos al estómago en la segunda página con un intento de asesinato, y no cesa de golpear furiosamente hasta la penúltima, con un crimen que cierra el círculo infernal de una historia que, según Harold Bloom en Cómo leer y por qué, tiene tres glorias: el terrorífico juez Holden, el paisaje y las matanzas.

La acción transcurre en 1849 y 1850, en la frontera entre Texas y México. Las autoridades mexicanas y las del estado vecino organizan una expedición paramilitar para exterminar a los indios de la región. A la cabeza del variopinto grupo de mercenarios cabalga el juez Holden, un gigante albino sin un solo pelo en el cuerpo, un verdugo inteligente, impasible y cruel que administra vida y muerte con la misma tranquilidad con la que cataloga las rocas, fósiles y restos arqueológicos con los que su hueste se topa en su odisea asesina. Holden es un personaje espeluznante, uno de esos pocos que continúan en tu cabeza mucho después de leída la historia.

El paisaje ocupa un primer plano en la narración. McCarthy describe minuciosamente y con un estilo poderoso la geología, los fenómenos atmosféricos, el clima y la luz de la región, y aunque se demora en los detalles demuestra sabiduría para administrar sus descripciones y alternarlas oportunamente con la tercera pata de la novela: las matanzas salvajes y alucinadas, carnicerías que se suceden como una letanía apocalíptica y absurda, narradas con una precisión, economía y plástica que deja los westerns de Sam Peckinpah a la altura de un episodio de Cuéntame.

Meridiano de sangre puede caer en la monotonía por su continuo despliegue de truculenta violencia, pero esa repetición acentúa la desazonadora impresión de sin sentido (¿no será ese el propósito de McCarthy?) y no disuade al lector de seguir pasando páginas fascinado por la fuerza de la historia, la personalidad de la escritura, los pasajes y escenas sobrecogedores y la ambigüedad moral de los personajes, que deja la puerta abierta a la interpretación en un final memorable.

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2 comentarios

Archivado bajo Novela

2 Respuestas a “Apocalipsis sangriento

  1. Francisco Jódar

    No sé por qué la literatura debe tener “un ritmo más pausado que la realidad que nos quieren vender” (¿quién nos la quiere vender, los poderes fácticos?). Cualquier relato no deja de ser un artificio y una reinterpretación o recreación de la realidad, y ahí el tiempo y el ritmo están al servicio del autor, que puede jugar con ellos a su libre albedrío. Hay grandes escritores ‘lentos’ y grandes escritores ‘rápidos’.

    Gracias por leerme.

  2. Goyo

    No he leído nada de este señor, pero según lo pones me temo que es más de lo mismo, es decir del común de la novela americana (la de USA), una gran hamburguesa y en este caso con una ración especial de víscera. Creo que no lo voy a leer y menos aún recomendándolo ese señor que se cree capaz de decir a todos los demás qué deben leer y qué no.
    Una de las cosas esenciales de la literatura para mí es que la novela tenga un ritmo más pausado que el de la realidad que nos quieren vender.La literatura es ejercicio de la palabra y ésta es la materialización de la razón. Yo, ya mayor, soy incapaz de razonar si ya en la segunda página me han dado un directo al estómago, con el que además me habrán estropeado la digestión de una maravillosa comida.
    HALA MADRID

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