Primeras novelas

No todo el mundo puede ser Truman Capote (1924-1984). Su primera novela, Otras voces, otros ámbitos, publicada en 1948, está tan bien escrita y su atmósfera es tan poderosa que da hasta mal rollo, como si fuera el producto de la mente de un niño retorcido y resabiado, un enano inquietante que sabe algo que tú no sabes, el tipo de mirada esquinada al que Cartier-Bresson retrató en 1947 como salido de la espesura para estropear la fiesta.

Lo que pasó después con la irregular carrera literaria de Capote es otra historia, pero el autor de A sangre fría se justificaba por la extrañeza de la crítica ante el hecho de que alguien con su edad pudiera exhibir semejante estilo. “¿Sorprendente? ¡Solo había estado escribiendo día tras día durante catorce años!”. Sí, Capote escribía como Dios a los veintipocos, pero llevaba entregado desde los ocho a la extraña tarea de contar historias, “encadenado de por vida a un noble, pero implacable amo”. O sea, la literatura.

“¿POR QUÉ NO ESCRIBES UN LIBRO?”
Tampoco es que haya que ponerse trascendental (Capote, además de talento, tenía un ego muy desproporcionado respecto a su tamaño), pero historias como esta me vienen a la cabeza cuando alguien me pregunta de sopetón: “¿Por qué no escribes un libro?”. Así, a pelo, como si fuera tan fácil como ligar tres frases con mediano sentido en un blog. Supongo que lo pensarán con la caja registradora en mente (autoayuda casposa, coaching, misterios de tres al cuarto, biografías de futbolistas) o después de ver a Nuria Roca promocionar sus novelas en el programa de Pablo Motos, pero ignoran que escribir un libro que no sea una puta mierda es una tarea de titanes al alcance de unos pocos dispuestos a dejarse los ojos en el empeño para fracasar casi siempre. El personal cree que la vocación de escritor es über cool, pero yo la veo más bien como una putada similar a la de nacer cojo en la región de los maratonianos keniatas.

¿Las claves? Trabajo, trabajo y trabajo; talento; y, fundamental, tener algo que decir. No es lo mismo redactar que escribir y, por eso, un respeto a cualquiera que encare un libro con ambición y movido por un anhelo que vaya más allá del legítimo de ganar dinero y punto.

EL PÚBLICO
Sí, amigos, las primeras novelas son complicadas, pero mantengamos la perspectiva. Si la cosa va bien, no son más que el paso inicial de una carrera de fondo, y hay que ser benévolo con ellas. El Público (Lengua de Trapo, 224 págs., 17 €) supone el debut novelístico de Bruno Galindo, periodista de amplio currículum y con varios poemarios, volúmenes de crónicas periodísticas y ensayos musicales a sus espaldas.

La historia arranca con un periódico de izquierdas dirigido a lectores de entre 25 y 40 años que ha perdido su público. Sus ejecutivos intentan recuperarlo con una idea peregrina: lanzar un suplemento dedicado al mundo del lujo más delirante. Entre la plantilla creada para el proyecto se cuenta con un periodista cuarentón, fracasado y entregado a teorías conspiranoicas que se topa así con su última oportunidad laboral, a cambio de renunciar a sus ideas. Todo parece irle bien, pero una serie de e-mails anónimos lo sumergen en una intriga desconcertante que controla menos y menos a medida que pasan las páginas.

El público adopta la forma de un thriller, pero a mi juicio es sobre todo una novela de ideas, cercana a veces al ensayo a pesar de su escritura ágil, directa y escueta. Lo que más me interesa es cómo retrata a una generación (la mía) urbana y de vuelta de todo pese a no haber ido a ningún sitio, acojonada ante la perspectiva de madurar y envejecer y encerrada en un cómodo mundo de consumo e hipócrita buen rollo (a ver lo que dura), que ha crecido leyendo revistas de tendencias que te venden unas zapatillas de 200 pavos en cuanto pasas la página con la foto de la vieja palestina en Gaza.

Hay más cosas además de esa fotografía generacional: una descripción ácida y reflexiva de los medios de comunicación y las relaciones personales, una visión de la soledad y la incomunicación expuesta con una notable economía expresiva y una inquietante y permanente sensación de que algo -indefinido y vago pero siempre presente- va mal. Pese a algunos defectos (la estructura del relato resulta demasiado visible y el final quizá sea algo precipitado y decepcionante), El público es una meritoria primera novela, llena de buenas y ambiciosas ideas que apuntan a empresas mayores. Bien por Galindo.

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4 comentarios

Archivado bajo Novela

4 Respuestas a “Primeras novelas

  1. Goyo

    Cómo que mi comentario está pendiente de moderación, a mí no me modera ni Dios

  2. Goyo

    Más de lo siempre a lo que parece o, dicho de otra forma, la vida tal cual es.
    Los franco (mal) parlantes diríamos il faut agir, más o menos, hay que actuar, o sea meterse en harina.
    Es difícil encontrar un libro que diga realmente algo y ello es porque la de escritor es una profesión que consiste en juntar palabras para contar, siguiendo los “consejos” de tu editor, algo que se presume importa tanto a la gente hasta el punto de que pague diez euros por veinte páginas con no más de doce palabras por línea, mucho punto y aparte y más margen.
    Escribe un libro ya….

  3. Sonya

    Pues pinta bastante bien…. Y cuanto más te leo más me reafirmo ¿Por qué no escribes un libro?

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