Doble de verano

RatoDe haber sobrevivido el casposo concepto ‘canción del verano’, la de este año se titularía Balones fuera, porque aquí no se responsabiliza ni Dios. Ni aquí. Ni tampoco aquí.

Visto el percal, la reflexión de uno de los personajes de la mejor novela que he leído en mucho tiempo se ajusta a nuestra realidad como las camisetas de la selección a las hipnóticas panzas de los forofos que las lucen doquiera. Allá va: “El pragmatismo siempre derrota a los principios; así son las cosas. El universo se mueve, el suelo cambia bajo nuestros pies, y los principios están siempre un paso por detrás. Los principios son el material de la comedia. La comedia es lo que obtienes cuando los principios tropiezan con la realidad”.

¡Ah, si algún político o banquero se descolgara con unas palabras así en una inútil comisión parlamentaria! Le perdonaríamos cualquier latrocinio, porque en el fondo de nuestros sufridos corazones los españoles apreciamos el talento para la desvergüenza tanto como las madres quieren a los hijos feos.

PÓNGAME LOS TRES
El libro que contiene ese certero diagnóstico sobre la conflictiva relación de los principios con la realidad se llama Verano y es el tercero y último de las peculiares memorias noveladas de J. M. Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940), el escritor sudafricano Nobel de Literatura en 2003.

Verano

Los dos anteriores Infancia y Juventud narran respectivamente los primeros años de Coetzee en la Sudáfrica de los cincuenta y su ‘huida’ a Londres en los sesenta para encontrarse a sí mismo y su vocación de escritor, y con el que nos ocupa conforman la trilogía aunque se pueden leer de manera independiente que citaría si me preguntaran en una de esas recurrentes encuestas coñazo sobre “el libro que me llevaría a la playa”.

Sí, me llevaría los tres por: a) su hondura y originalidad; b) su indagación descarnada y sin compasión en la formación de una personalidad poco atractiva; c) la elegancia y sobriedad de su estilo, que no se nota pero el de que no hay quien quite (ni ponga) una coma; d) la visión de la muy particular realidad sudafricana, telón de fondo omnipresente.

Todos están escritos en tercera persona, todos son brillantes, profundos y divertidos y todos van sobrados de aceradas observaciones que crucifican las verdades incómodas que cualquiera con sustancia oculta en su interior, pero de tener que elegir uno, sería Verano, una obra maestra de estructura peculiar: Coetzee ha muerto y el biógrafo que prepara un libro sobre él entrevista a varias personas que lo trataron en los primeros setenta, cuando el novelista estrenaba la treintena y comenzaba su carrera de escritor.

Casi todos los entrevistados son mujeres que mantuvieron (o casi) una relación amorosa con él, y de sus recuerdos se desprende el retrato nada complaciente de un Coetzee encerrado en sí mismo, incapaz de relacionarse con naturalidad y obsesionado con la escritura, un tipo amable pero elusivo y más digno de compasión que de otra cosa.

Verano como sus dos predecesoras subvierte las reglas del género memorístico, juega con la ficción y la realidad como planos intercambiables y construye una inteligentísima y apasionante exploración de la verdad más escurridiza y difícil de atrapar: la que trata sobre uno mismo.

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1 comentario

Archivado bajo General, Memorias, Novela

Una respuesta a “Doble de verano

  1. Gonzajda

    Gran post, me apunto a Coetzee que lo tengo inédito.

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