La ansiedad del escapista

A Pepe Ramos lo conocí a finales de 2004, cuando los dos nos incorporamos a la revista SIE7E, un disparate impreso que cómo si no acabó mal, pero que a algunos nos sirvió para pasarlo tan bien como difícilmente volveremos a hacerlo en ningún trabajo, al menos en ninguno donde las mujeres vayan vestidas. Aquello no tenía ni pies ni cabeza, pero se podía beber en la redacción y observar las evoluciones del personal era como ver un documental de La 2, aunque con gracia. Entre aquella fauna tan peculiar, Pepe no se encontraba entre los especímenes más grises, precisamente. Compartimos mesa durante muchos meses, enfrascados en una labor cuanto menos curiosa. Sentados en inestables sillas desvencijadas, oscilantes sobre una moqueta jurásica (un verdadero nido de mierda y bacterias indestructibles), yo ejercía de editor de aquel desparrame y, sobre las fotos de las páginas que nos iban llegando, Pepe pegaba pósits amarillos donde escribía pies de foto ingeniosos y cachondos que comentaban la jugada como ya se hacía en FHM (en el Cuore no han inventado nada). Como para explicarle nuestras funciones a un headhunter, vamos.

En aquel ambiente la palabra “raro” perdía muchas de sus connotaciones, pero Pepe era raro (aclaración: en mi sistema de valores serlo no implica un juicio peyorativo; de hecho, tiende a ser un atributo positivo, como en este caso). Tan raro era el tío, que escribía poesía. Y tan raro era que encima lo hacía con gracia y talento. Hay que joderse, poeta y trabajando en SIE7E, la mejor revista para los ‘ni-nis’. La vida, además de maravillosa, puede ser absurda, y hasta chistosa, y esos ratos hay que disfrutarlos porque la hostia con la mano abierta acaba llegando SIEMPRE.

El caso es que cuando entró en aquel pifostio editorial, Pepe había publicado ya unos cuantos poemarios qué calladico se lo teníay después ha seguido en la brecha. No soy un habitual de la poesía, no conozco de sutilezas líricas y jamás tendría el morro de escribir algo ni remotamente parecido a una crítica literaria seria del género, pero he leído lo suficiente como para saber dónde hay ideas y maneras, y a Pepe le sobran. La ansiedad del escapistaSus poemas, siempre cercanos al rumor de lo cotidiano, poseen un sentido del humor a menudo amargo y destilan una ligereza y una facilidad engañosas. Se leen sin dificultad y cuando uno los termina tiene la sensación de cosa rematada, pero no: basta dejar pasar unos segundos y lo que parecía una exhibición de ingenio verbal comienza a soltar cargas de profundidad que le tocan a uno por dentro.

Su último libro se titula La ansiedad del escapista (Huacanamo, 10 €) y mi novia y yo lo pasamos estupendamente leyendo (sí, supongo que también somos un par de raros, afortunadamente) poemas como esta formidable Declaración del pagafantas. Pepe, cabronazo, no dejes de escribir.

DECLARACIÓN DEL PAGAFANTAS

Voy a quererte
por amor al arte de quererte.

Voy a quererte a fondo perdido,
en vano, en balde, en saco roto,
incluso vestida.

Voy a quererte
apestando a Benedetti y a Platón,
al modo de los que son tan buenos
que parecen tontos .

Voy a quererte hasta sin querer
y voy a madrugar también
para hacerlo adrede.

Voy a quererte quieras o no quieras,
a quererte muy a pesar tuyo,
mucho más que tú a ti misma.

Voy a quererte tan bien, tan bien
que si un día, por lo que sea,
me correspondes,
me das un disgusto.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo General, Poesía

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s