Y pensar que hay gente que se ríe con Eva Hache…

Lo mejor de no haber leído nunca a Julio Camba es no haber leído nunca a Julio Camba.

Descubrirlo es pasmarse con su sutileza y finísimo humor, asombrarse con la lectura de crónicas y artículos con un siglo a sus espaldas, pero mucho más vivos que el penúltimo tuit. Qué mala pareja habría hecho Camba con Eva Hache, cómo habría desentonado en la gala de los Goya, qué poco encajaría una inteligencia verdaderamente subversiva (¿cuál no lo es?) como la suya en ese bodrio fashionista plagado de reivindicaciones sociales más falsas que los duros de madera.

En su ignorancia oceánica de periodista del siglo XXI, uno había oído y leído de este gallego nacido en Vilanova de Arousa en 1882, embarcado como polizón a Argentina a los trece años, deportado a España a los quince por anarquista, escritor de periódicos (pasó por los mejores de su época), corresponsal por medio mundo, cronista que comenzó en 1949 a vivir en un cuarto del Palace (pagado por el plutócrata Juan March) que ya no abandonaría hasta su muerte trece años después.

Sí, le tenía ganas a Camba, pero no me decidí a leerlo hasta que me topé en Jot Down con un estupendo artículo de Isabel Gómez Rivas que me llevó a Kaffekantate, su blog, donde me contagié de ‘cambismo’ y me decidí a lavar mi mala conciencia de plumilla inculto.

He empezado por Un año en el otro mundo (Rey Lear Editores), el volumen que reúne las crónicas enviadas por Julio Camba desde Nueva York, adonde llegó en 1916 para pasar un año como corresponsal del ABC. Un año en el otro mundoCuando Azorín leyó esta recopilación preparada por el propio autor, escribió: “La literatura española cuenta con un grande, con un admirable humorista”. Y añadiría yo con un agudo observador de la realidad, de la que muestra las costuras como sin querer, con discreción y gracia, sin dogmatismos ni tomar al lector por tonto, con la frescura de la inteligencia que nos hace ver las cosas por primera vez. Un siglo, y tan flamante como el primer día.

Ya irremediablemente adscrito al cambismo, me topé en un polvoriento recoveco de mi biblioteca con un viejo librito de la legendaria Colección Austral que no recordaba tener. En la portada, un título: Londressobre él, un nombre: Julio Camba.      

Londres

El autor del post, enfrascado en la lectura de ‘Londres’ mientras llega la hora de comer.

Me lancé en plancha sobre esta colección de observaciones sobre la vida londinense de antes de la Gran Guerra y disfruté aún más que con la primera lectura. Vaya festival del ingenio, qué forma de señalar los absurdos de la vida, menuda sorna e ironía, qué divertido.

Qué cabrón, en suma, qué talento. Y qué envidia.

 

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Archivado bajo General, Periodismo

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