España garbancera

Según Aristóteles, el garbanzo estimula la libido, por tres razones: «Alimenta mucho, genera ventosidades y es de cualidad cálida y húmeda como el semen». No se entiende demasiado, pero la lógica aristotélica tampoco, y ahí sigue 24 siglos después.

Cervantes dejó escritas en el Quijote las virtudes del humilde cocido y similares: «Aquel platonazo que está vahando me parece que es olla podrida, que por la diversidad de cosas que en tales ollas hay, no podré dejar de topar con alguna que me sea de provecho».

En El Buscón de Quevedo, «(…) los macilentos dedos se echaban a nado tras un garbanzo güérfano y solo que estaba en el suelo».

El vitriólico Valle-Inclán llamaba “Don Benito el garbancero” a Pérez Galdós, por castizo y por su estilo realista, aunque parece ser que el apodo despectivo nació cuando el novelista por entonces director del Teatro Español se negó a estrenar El embrujado, una de las obras de Valle.

Los españoles «nos buscamos los garbanzos», y cualquier hispanista que se precie ha de pasar la prueba del garbanzo patrio, verdadera ordalía gastronómica que abre las puertas de un país diverso pero unido por cosas como esta humilde, nutritiva y explosiva legumbre, bien definida por un guiri ilustre, Gerald Brenan: «El garbanzo es una bala amarilla que explota en el interior del cuerpo produciendo varios centímetros cúbicos de gas».

Benditos garbanzos.

El garbanzo va con todoa.

El garbanzo va con todo.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo General

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s