Ruido y furia

¿Quién se acuerda de las niñas nigerianas secuestradas por un grupo terrorista?

Yo no, desde luego. Habían desaparecido de mi memoria de pez, aturdida por la charanga mediática, hasta que vi ayer este tuit.

Tuit

Las noticias son un bien de consumo más, morralla de usar y tirar, y la actualidad “un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y furia, que nada significa”.

Los enviados especiales corren en tropel de acá para allá a cubrir la última barbaridad y en cuanto esta pierde frescura parten en busca de alguna tragedia que no empiece a criar moho.

¡Lástima que no se hayan inventado las neveras de noticias frescas! Como escribía Julio Camba en uno de sus artículos recopilados en Maneras de ser periodista (Libros del K.O.), “Lo ideal sería un gran frigorífico de noticias e informaciones en donde cada periodista pudiese ir almacenando aquellas que conociese y dejarlas allí, como si fueran sardinas, lenguados o merluzas, hasta que la demanda del público fuese mayor y el precio más remunerativo”.

O como –ya sin cinismo– reza la cita de la cabecera de la web de los propios editores del K.O.: “Todo periodista que no sea demasiado estúpido o demasiado engreído para no advertir lo que entraña su actividad sabe que lo que hace es moralmente indefendible.” Janet Malcolm, El periodista y el asesino.

 

 

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