Archivo de la categoría: Novela fantástica

La larga marcha

stephen-king

Yo voy a casa del vecino a pedir sal y me abre este tío, y me mudo al día siguiente.

Llevaba años con ganas de leer algo de Stephen King, para ver si encontraba las claves del éxito masivo de este señor que vende novelas a millones y se inventa por decenas (¿tendrá negros?) historias retorcidas y terroríficas, o eso me ha parecido en las adaptaciones televisivas y cinematográficas que he visto.

Hay una de esas versiones que no se me va de la cabeza: El misterio de Salem’s Lot, una serie que pusieron a mediados de los 80 en España. Fue el cenit de mis miedos infantiles, sobre todo cuando aquel niño desaparecido regresaba a su casa con nocturnidad y alevosía, vampirizado, en pijama (eso era lo que más acojonaba), flotando y arañando desde fuera la ventana del dormitorio que compartía con su hermano.

Jamás le perdonaré a Stephen King que su malsana y rentable imaginación me abocara a uno de los momentos más bochornosos de mi niñez, aquel en que huí del salón y me metí en mi cuarto tarareando el execrable Part time lover de Stevie Wonder, jitazo del momento, solo por no oír ni de lejos nada de lo que pasaba en la pantalla.

¿Penoso? Quizá, pero, pasada una pila de años, he vuelto a ver la escena y hasta se me han puesto los pelillos de punta, en una especie de recuperación proustiana pero sin magdalena de aquel niño cagón que un día fue.

El caso es que he ido posponiendo lo de King hasta estos días, cuando un artículo que he escrito para Muy Interesante (diez novelas y cómics distópicos que no sean 1984 y Un mundo feliz, muy pronto en su kiosco, y perdón por el autobombo vergonzante, pero me limito a seguir las enseñanzas de los gurús del Social Media) me ha puesto en contacto al fin con el capo del terror comercial. Nada como leer por dinero.

CAMINATA MORTAL
Mi puerta de entrada al universo paralelo de King ha sido La larga marcha (1979), una de las cinco novelas que publicó entre 1977 y 1984 bajo el seudónimo de Richard Bachman. Sus editores pensaban que el prolífico novelista estaba saturando el mercado, y le sugirieron que diera salida bajo otro nombre a algunas de sus historias, porque King escribía como los japoneses hacen huelga: a destajo.

314_P83001A.jpgPongámonos en situación: nos encontramos en unos Estados Unidos perfectamente familiares, aunque hay algo extraño que se va dejando caer en medidas alusiones a lo largo del relato. El país parece haber sucumbido al dominio de un régimen totalitario encarnado por una figura -el Comandante- que aparece de vez en cuando y del que nunca sabemos si se trata del dictador gobernante o solo de una figura autoritaria entre otras.

En ese contexto vagamente inquietante, King nos suelta de sopetón en la carretera donde comienza la “larga marcha” anual, una especie de prueba deportiva retransmitida por televisión a todo el país, que se paraliza para seguirla.

Los participantes son cien muchachos adolescentes que han de caminar sin interrupción y sin bajar jamás de los 6,5 km/h. El que lo haga recibe tres avisos, y al cuarto los soldados que siguen la prueba en vehículos oruga le dan “el pasaporte”.

Por supuesto, solo puede quedar uno.

La lectura de esta fantasía distópica me ha dejado varias cosas claras sobre King, aunque tendré que leerlo más para confirmar (se admiten recomendaciones, queridos frikis):
– Sabe contar historias, dosificar la acción, intrigar y dejar con ganas de más.
– Sus personajes son creíbles, aunque a veces desprendan un olorcillo como de ‘Estrenos TV’.
– Los diálogos resultan eficaces y hacen avanzar la historia.
– Y lo más destacado: consigue crear atmósferas (y qué difícil es eso). 

La larga marcha se hace a veces monótona y el final decepcionará a algunos, pero inquieta con su sugerente retrato -apenas unas pinceladas- de una sociedad del espectáculo fascinada por la violencia televisiva y adormecida por el pan y circo de un régimen autoritario (creo que sirvo para escribir frases de solapa).

En los mejores momentos me ha parecido enfrentarme a una narración digna de una especie de Kafka de consumo, y quién sabe, quizá los eruditos del futuro tengan que acudir a King para entender los miedos y fantasías del hombre de hoy, antes que a escritores con mucho más prestigio.

4 comentarios

Archivado bajo General, Novela, Novela fantástica, Terror

Una tumba para Stephen King

Vaya por delante: no he leído a Stephen King. Y no por pedantería o el esnobismo de rechazar los best-sellers, sino porque no me atrae la literatura de terror (Messi me asusta mucho más que Poe y la fantástica y similares tampoco figuran entre mis preferencias). Sin embargo, conozco el universo literario de este tipo con aire de nerd, aunque de forma indirecta y superficial. ¿Quién que no haya pasado los últimos treinta años en una cueva afgana habrá dejado de ver alguna película o serie de televisión basada en una de sus decenas (o cientos) de historias?

Viene esto a cuento porque, caminando hace unos días por el cementerio de Montmartre en busca de la tumba de Stendhal (cómo molo), me topé con la de Nijisnky (ahora sí que no se puede molar más), el célebre bailarín ruso que ha quedado como sinónimo del ballet clásico. Fue verla y pensar: “Esto es como de Stephen King” (esas pulseras en las puntas de las botas, esas zapatillas de baile sobre la lápida mojada, los enormes cuervos parisinos graznando…).

De acuerdo, no es una asociación muy original (también pensé en Fofito y El Payaso de La hora chanante), pero demuestra el poderío pop de King, quien, según Wikipedia, ha vendido ya más de ¡350 millones de copias de sus obras!, a las que habrá que sumar las que coloque de su última entrega: 22/11/63 (Plaza & Janés, 864 págs., 26,90 €), la historia de un profesor de instituto de Maine que viaja en el tiempo hasta el año 1958 con un objetivo: atrapar a Lee Harvey Oswald para impedir el asesinato de Kennedy.

Quizá sea mi primera toma de contacto con King, pero se admiten sugerencias.

5 comentarios

Archivado bajo Ciencia Ficción, Novela fantástica, Terror

Autodefensa

Hace unos días recibí un correo electrónico con el siguiente asunto, en mayúsculas: CAMBIO DE COORDENADAS PROFESIONALES. La remitente era una desconocida y tampoco tenía noticia de su empresa, pero leí el breve e-mail y lo que se deducía es que a esta persona la habían despedido y escribía para dejar a su lista de contactos su número de teléfono personal. Una más entre tantas ahora que andamos con el agua al cuello. Me dio que pensar.

Llamar ‘cambio de coordenadas profesionales’ a un despido no deja de ser un recurso eufemístico muy de estos tiempos en los que más vale ser guay que valer, a pocas cosas se llama por su nombre y hay gente que trabaja de ‘Key Account Manager’ (comercial, ¿no?), existen psicólogos para perros, todo se ‘customiza’ y triunfan gurús que mezclan autoayuda con marketing y psicología de mercadillo para parir engendros como ¿Quién se ha llevado mi queso? , una simpleza insultante que arrasó en las listas de ventas con poco más que actualizar un viejo refrán (“camarón que se duerme se lo lleva la corriente”) y que inició la moda de lo que algunos llaman ‘narrativa empresarial’. Parece que si no nos hemos vuelto idiotas, andamos cerca.

Pero hay formas de defenderse de tanta gilipollez. Una de ellas es la (buena) lectura. Por ejemplo, la de los libros del gallego Álvaro Cunqueiro (1911-1981). Sus historias son una absoluta delicia, una exhibición de humor socarrón, lirismo, gracia y cultura inabarcable y asombrosa y una vacuna infalible contra tanta tontería y cursi suelto.

Cunqueiro cultivaba una especie de literatura fantástica que puede recordar a Borges y Calvino, llena de referencias mitológicas e históricas, en la que el mago Merlín hereda de una tía gallega (Merlín y familia) o el Rey Arturo y Julio César se encuentran en cualquier recodo del camino (El año del cometa) y nos los creemos sin rechistar. Muchas de sus páginas son una exhibición estilística, con frases medidas como versos y una riqueza de vocabulario difícil de superar. Compruébalo leyendo Las mocedades de Ulises o Cuando el viejo Simbad vuelva a las islas.

“Una lengua es buena cuando sabe a pan fresco que se mete en la boca”, dijo Cunqueiro, escritor bilingüe que admitía sentirse más cómodo con el gallego que con el castellano. Si quieres conocerlo un poco más, puedes ver esta vieja entrevista. Cunqueiro no lo sabía (aunque sospecho que sí e imagino que le daba igual), pero era un moderno, ahora que esa palabra es tan vieja. Puedes encontrar algunos de sus libros aquí y aquí.

NI LAS TUMBAS SE RESPETAN

Leído en El País, que cita a The New York Times: “Crichton vuelve a las librerías con dos novelas póstumas”. Michael Crichton, famoso escritor de best-sellers como Parque Jurásico, murió en noviembre a causa de un cáncer, no sin dejar dos obras más: una novela de piratas ambientada en la Jamaica del siglo XVII y un thriller tecnológico inacabado, para el que se busca un “escritor de thrillers de alto nivel” que lo remate, según la editorial HarperCollins, donde Crichton publicaba. Qué pirañas…

2 comentarios

Archivado bajo Novela, Novela fantástica