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La irrealidad de los muertos

La Peste

‘La peste’ se publicó en 1947 y es un clásico imprescindible de la literatura del siglo XX.

Cada vez que vemos, leemos o escuchamos las noticias sobre masacres, atentados y catástrofes, con sus fríos y notariales inventarios de víctimas, o cuando los irresponsables que no han disparado ni a un pajarillo aporrean los tambores de guerra y piden invasiones y bombardeos –siempre lejos, siempre en lugares que ellos no pisarán en sus vidas–, deberíamos tener presentes los pensamientos que Albert Camus pone en la mente del doctor Rieux, uno de los personajes de su novela La peste.

“(…) un hombre muerto solamente tiene peso cuando le ha visto uno muerto; cien millones de cadáveres, sembrados a través de la historia, no son más que humo en la imaginación”.

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Un hombre solo

Documentos RNE ha dedicado uno de sus programas a la figura de Albert Camus, conciencia viva del siglo XX, un gran escritor que no distinguía entre los campos de concentración fascistas o comunistas, un intelectual tan raro que reunía en su persona coraje y honradez, un hombre que dijo seguir siendo de izquierdas “a pesar de la izquierda”, un creador que sostenía que no podía haber política sin moral y que la vida humana estaba por encima de cualquier proyecto político.

Por fin una radio pública haciendo funciones de radio pública.

Puedes escucharlo aquí. 

Albert Camus

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El antifanático

Cada vez más a menudo mantengo y escucho conversaciones que me traen a la mente la célebre frase de Albert Camus (1913-1960) en la que el escritor y ensayista francés venía a decir que, entre la justicia y su madre, él se quedaba con su madre (apunto: y yo con la mía). Si por algo ha pasado Camus a la historia es por su apasionada defensa de la justicia y su honradez intelectual, que le causó no pocos problemas en la época turbulenta que le tocó vivir. Albert CamusPor eso, estas palabras preñadas de amor filial del Nobel de Literatura de 1957 han sido interpretadas frecuentemente como una boutade indigna de su figura, un desahogo en un momento de relajación o hastío de un pensador siempre alerta. Yo prefiero verlas como la expresión más o menos afortunada de un tipo que, frente a las abstracciones de “las doctrinas absolutas e infalibles”, creía en “el mejoramiento obstinado, caótico pero incansable de la condición humana”. Es decir, el antifanático.

Volviendo al principio: esta declaración del autor de El extranjero y La peste (¿se seguirán leyendo sus novelas?) me ronda insistente por la cabeza a causa del creciente sectarismo en España, donde el mero intento de ejercer la ecuanimidad lo convierte a uno en sospechoso. Cuando tomo parte en discusiones políticas tengo la impresión de estar asistiendo a un partido de tenis donde los participantes, puestos a elegir entre su ideología y la justicia (o incluso los simples hechos desnudos), se quedan con su ideología. Lo importante no es ya lo que se dice, sino quién lo dice, y la única medida de la confrontación dialéctica es ganar, porque a nadie le importa una mierda lo que piensa el de enfrente ni concede el menor resquicio a la posibilidad de ser convencido (eso jamás) o puesto en la tesitura de revisar sus principios.

Para Camus, “No hay vida sin diálogo. Y en la mayor parte del mundo, el diálogo se sustituye hoy por la polémica. [… ] Pero, ¿cuál es el mecanismo de la polémica? Consiste en considerar al adversario como enemigo, en simplificarlo, en consecuencia, y en negarse a verlo”. O como escribió hace 65 años en el periódico Combat: “Demócrata, en definitiva, es aquel que admite que el adversario puede tener razón, que le permite, por consiguiente, expresarse y acepta reflexionar sobre sus argumentos”. Bajo esa premisa, los demócratas españoles caben en un autobús, y todos sentados.

En un ambiente político tan irrespirable (y aburrido, por repetitivo y estrecho de miras), conviene volver de vez en cuando a figuras como la de este librepensador (en el sentido más literal del término), una mascarilla de oxígeno para este avión despresurizado en el que vamos todos montados hacia quién sabe dónde. Se metió a fondo en el letal barro del siglo XX, pero su ejemplo y sus reflexiones mantienen su validez, como demuestran los fragmentos anteriores, recogidos de Moral y Política (Alianza Editorial, 5,40 €, 144 págs.), una selección de artículos, conferencias y entrevistas del escritor Pied-Noir (nació en Argel) fechados entre 1944 y 1948, años de plomo en Francia.

Moral y politica

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Por mano propia

¿Qué tienen en común Sócrates y Virginia Woolf, Kurt Cobain y Hitler, Mishima y Van Gogh? El suicidio, el asunto más importante para Albert Camus, que publicó un ensayo (El mito de Sísifo), encabezado por esta frase: “No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio”.

Podría -supongo que existe ya- escribirse un gran libro con las notas, cartas, excusas y razones dejadas por los suicidas antes de pegar el Gran Salto por razones diversas. Ocuparía un lugar de honor el mensaje que el novelista italiano Emilio Salgari dejó a sus editores antes de darse matarile a orillas del Po (siguiendo, por cierto, una arraigada tradición familiar).

“A mis editores: A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semi miseria o aún peor, sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma. Emilio Salgari.”

SUICIDIOS EJEMPLARES

No planeo tirarme por el viaducto madrileño -está difícil con esa mampara anti muerto inminente que le pusieron hace años-, es que he empezado a leer Suicidios ejemplares, un libro de relatos de Enrique Vila-Matas (ya le tenía ganas), una colección de historias teñidas por “las nobles opciones de muerte que existen”. La cosa promete, y uno de los cuentos viene precedido por la siguiente cita de Séneca, otro ilustre suicida que se fue cortándose las venas al estilo romano, extraída de sus Epístolas morales a Lucilio.

“La cosa mejor que ha hecho la ley eterna es que, habiéndonos dado una sola entrada a la vida, nos ha procurado miles de salidas.”

Me voy unos días de vacaciones, y espero que todo el mundo siga ahí a mi vuelta. Vale.


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