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Poeta de la fantasía

“En la aspereza de la vida cotidiana, soñar es necesario”. Álvaro Cunqueiro (1911-1981), nostálgico de los mitos y uno de los mejores y más originales escritores (“la lengua tiene que saberte a pan”, decía) en gallego y castellano del siglo XX, a pesar de no ser tan conocido como merece. Una sola recomendación para empezar: Las mocedades de Ulises, aunque hay libros superiores en su fascinante y variada obra, que abarca la poesía, la narrativa y hasta la gastronomía (La cocina cristiana de Occidente), sin olvidar el periodismo, porque Cunqueiro vivió encadenado al artículo diario y hasta dirigió el Faro de Vigo, tarea que al parecer no le satisfacía lo más mínimo.

Esta sugerencia tiene su porqué. Hace unos días, tirado como una colilla en el sofá, hui de la basura blanca de la cada vez más cutre MTV y me topé en La 2 con el documental El incierto señor Cunqueiro, que se acerca a la vida y la obra del autor de Mondoñedo con motivo del centenario de su nacimiento. Aunque interesante y revelador, creo que le falta ritmo y es muy para fans de Cunqueiro, pero me ha servido como percha propagandística de un escritor delicioso, refrescante y para inmensas minorías. Pues eso.

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Autodefensa

Hace unos días recibí un correo electrónico con el siguiente asunto, en mayúsculas: CAMBIO DE COORDENADAS PROFESIONALES. La remitente era una desconocida y tampoco tenía noticia de su empresa, pero leí el breve e-mail y lo que se deducía es que a esta persona la habían despedido y escribía para dejar a su lista de contactos su número de teléfono personal. Una más entre tantas ahora que andamos con el agua al cuello. Me dio que pensar.

Llamar ‘cambio de coordenadas profesionales’ a un despido no deja de ser un recurso eufemístico muy de estos tiempos en los que más vale ser guay que valer, a pocas cosas se llama por su nombre y hay gente que trabaja de ‘Key Account Manager’ (comercial, ¿no?), existen psicólogos para perros, todo se ‘customiza’ y triunfan gurús que mezclan autoayuda con marketing y psicología de mercadillo para parir engendros como ¿Quién se ha llevado mi queso? , una simpleza insultante que arrasó en las listas de ventas con poco más que actualizar un viejo refrán (“camarón que se duerme se lo lleva la corriente”) y que inició la moda de lo que algunos llaman ‘narrativa empresarial’. Parece que si no nos hemos vuelto idiotas, andamos cerca.

Pero hay formas de defenderse de tanta gilipollez. Una de ellas es la (buena) lectura. Por ejemplo, la de los libros del gallego Álvaro Cunqueiro (1911-1981). Sus historias son una absoluta delicia, una exhibición de humor socarrón, lirismo, gracia y cultura inabarcable y asombrosa y una vacuna infalible contra tanta tontería y cursi suelto.

Cunqueiro cultivaba una especie de literatura fantástica que puede recordar a Borges y Calvino, llena de referencias mitológicas e históricas, en la que el mago Merlín hereda de una tía gallega (Merlín y familia) o el Rey Arturo y Julio César se encuentran en cualquier recodo del camino (El año del cometa) y nos los creemos sin rechistar. Muchas de sus páginas son una exhibición estilística, con frases medidas como versos y una riqueza de vocabulario difícil de superar. Compruébalo leyendo Las mocedades de Ulises o Cuando el viejo Simbad vuelva a las islas.

“Una lengua es buena cuando sabe a pan fresco que se mete en la boca”, dijo Cunqueiro, escritor bilingüe que admitía sentirse más cómodo con el gallego que con el castellano. Si quieres conocerlo un poco más, puedes ver esta vieja entrevista. Cunqueiro no lo sabía (aunque sospecho que sí e imagino que le daba igual), pero era un moderno, ahora que esa palabra es tan vieja. Puedes encontrar algunos de sus libros aquí y aquí.

NI LAS TUMBAS SE RESPETAN

Leído en El País, que cita a The New York Times: “Crichton vuelve a las librerías con dos novelas póstumas”. Michael Crichton, famoso escritor de best-sellers como Parque Jurásico, murió en noviembre a causa de un cáncer, no sin dejar dos obras más: una novela de piratas ambientada en la Jamaica del siglo XVII y un thriller tecnológico inacabado, para el que se busca un “escritor de thrillers de alto nivel” que lo remate, según la editorial HarperCollins, donde Crichton publicaba. Qué pirañas…

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