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#bajadadeimpuestosYA

¿En qué punto pasan los impuestos de ser una herramienta redistribuidora más o menos justa de la riqueza a una exacción pura y dura? Por ejemplo, cuando un Gobierno los sube 30 veces en 500 días. 

Aquí, como en tantas cosas, viene a auxiliarnos el Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce

Atracador: Un cándido hombre de negocios.

Se cuenta que andaba Voltaire una noche viajando con algunos acompañantes cuando decidieron alojarse en una posada. Los alrededores resultaban sugerentes y después de la cena decidieron turnarse a contar relatos sobre atracadores. Cuando le llegó el turno a Voltaire, dijo: ‘Había una vez un recaudador de Hacienda’. Y se quedó sin decir nada más, por lo que los demás le animaron a continuar. ‘Esa’, explicó, ‘era la historia’.”

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Contra la estupidez, Ambrose Bierce (y Los Sexys)

Tengan siempre a mano  en la mesita de noche, la guantera del auto, el Kindle o la cajonera del trabajo, donde sea— el Diccionario del Diablo, de Ambrose Bierce.

Sus máximas, paridas entre 1868 y 1911, rebosan de mala leche, inteligencia y agudeza implacable, y funcionan como una especie de amarga autoayuda a la inversa que cura la tontería a palo limpio.

A mí me auxilian en mi aspiración de convertirme en un idiota a tiempo parcial, y no full-time. Háganme caso, regálenselo, ábranlo al azar cada día y úsenlo de escudo contra la omnipresente estupidez, propia y ajena. Me lo agradecerán.

ESTUPIDEZ

“Ese ‘don y facultad divina’ cuya energía creativa e impulsora inspira la mente del hombre, guía sus acciones y adorna su vida”.

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Maldito parné

Pocas definiciones mejores del dinero, amo y señor de nuestras vidas, que la de Ambrose Bierce en su Diccionario del diablo: “Una auténtica bendición que solo nos resulta ventajosa cuando nos deshacemos de él”.

Esa condición paradójica del único dios verdadero se refleja en El dinero en The New Yorker (272 págs., 23,95 €),un volumen de viñetas con El dinero en The New Yorkerel que Libros del Asteroide —una editorial que merece todos los elogios, aunque solo fuera por difundir la obra de Manuel Chaves Nogales Robertson Davies— se sale de su línea habitual para adentrarse en la de los coffee table books, esos que tan bien quedan en la mesa del salón, a mano para echarles un vistazo de vez en cuando más que para devorarlos de un tirón.

Robert Mankoff, dibujante y editor de viñetas de The New Yorker, la prestigiosa y un punto esnob revista neoyorquina progresista a la americana —el ala izquierda del PP, para entendernos— ha seleccionado 400 viñetas publicadas en este semanario desde 1925 hasta nuestros días. El tema, el dinero y las finanzas, de Gran Depresión en ¿enorme? Depresión y tiro porque me toca, en una demostración gráfica de que la economía se parece a la historia en definición marxista y se repite, pero en clave de farsa.

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No es que The New Yorker haya destacado nunca por su humor gráfico, habitualmente por debajo del nivel de sus textos (entre otros, allí han colaborado Truman Capote, Woody Allen, Roald Dahl, John Cheever, Joan Didion, Hannah Arendt, Salinger…), pero entre tantas viñetas hay muchas muy buenas, con gracia y mala leche. Cierto, el lector español también encuentra un puñado que solo puede entender un estadounidense, pero en general su universalidad constata que en materia de dinero todos hablamos el mismo idioma.

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Lo más interesante de este recorrido por casi un siglo de humor gráfico es apreciar que, pese a los cambios de mentalidad, las modas y el paso del tiempo, nuestros problemas económicos son casi idénticos a los de nuestros antepasados. Y además, ¿has pensado lo cool que vas a parecer regalando este libro en Navidad?

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Las palabras del Diablo

Misántropo, misógino, pesimista, macabro, cruelmente cáustico y satírico, cínico, arbitrario. Pero también preciso, afilado, conciso, agudo, estilista, brillante y original. Todos adjetivos atribuibles a Ambrose Bierce (1842 – 1914?), el periodista y escritor estadounidense que huyó de los rigores de un hogar rural y puritano para conocer el horror de la Guerra de Secesión, convertirse después en afamado (y temido) articulista en el oeste de los EE.UU y acabar desapareciendo sin dejar rastro en tierras mexicanas en plena revolución.

Apodado Bitter Bierce (el amargo Bierce) por un crítico, escribió cuentos de terror y sobrenaturales, relatos realistas inspirados por sus vivencias y otros repletos de humor negro y una visión demoledora de la naturaleza humana, además de una extensa obra periodística que fue su principal ocupación, pero suele ser más recordado por un libro original y único que Alianza Editorial acaba de reeditar.

Me refiero a Diccionario del diablo (368 págs., 11 euros), el resultado de un trabajo que abarca 43 años (de 1868 a 1911), cuatro décadas durante las que Bierce fue publicando cientos de columnas y artículos que de vez en cuando incluían definiciones y aforismos propios que no empezó a recopilar y ordenar hasta 1906 en un texto singular.

Este Vocabulario del cínico -se publicó por primera vez bajo ese título, no escogido por el autor- es el decantado de años de observación inmisericorde del hombre y su sociedad, un compendio de fogonazos inteligentísimos y llenos de mala leche que no dejan títere con cabeza, un condensado de inspiraciones que dicen mucho con muy pocas palabras, un diccionario dirigido, según Bierce, a “espíritus iluminados que prefieren el vino seco al dulce, la razón al sentimiento, el ingenio al humor y un lenguaje pulido a la jerga popular”.

Antes de dejar aquí unas cuantas definiciones diabólicas, me gustaría hacer una recomendación: no es un libro para leer de seguido. Puede resultar demasiado pesimista, desencantado e incluso monónoto en su amargura. Es mejor tenerlo siempre a mano y consultarlo de vez en cuando como lo que es, un genial diccionario satírico para bajarnos los humos

Hombre: Especie animal tan sumida en la ensimismada contemplación de lo que piensa que es, que a menudo se olvida de plantearse lo que evidentemente debiera de ser. Su principal ocupación es el exterminio de otros animales y de su propia especie, la cual, a pesar de todo, se sigue reproduciendo con tal rapidez como para poblar y destruir todas las zonas habitables del planeta y Canadá.

Economía: La compra de un barril de whisky que uno no necesita por el precio de una vaca que uno no se puede permitir comprar.

Aborígenes: Personas de poca valía cuya presencia resulta una carga para la tierra de continentes recientemente descubiertos. Aunque también es verdad que pronto dejan de ser una carga para pasar a abonarla.

Diplomacia: El patriótico arte de mentir en favor de nuestro país.

Fanático: Alguien que defiende con rotundidad y de forma obstinada una opinión con la que uno no está de acuerdo.

Longevidad: Prolongación poco habitual del miedo a la muerte.

Cleptómano: Ladrón rico.

Matrimonio: Estado o condición de una comunidad compuesta por un señor, una señora y dos esclavos, que hacen un total de dos personas.

Y así, ad infinitum…

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Satanás entre nosotros

La pesadísima murga pro y anti Papa de Roma que nos aturde con motivo de su visita a España no me motiva. A mí lo que me intriga es el futuro del Diablo, tan olvidado por todos. Si yo fuera Satanás, no me perdería la visita de Benedicto XVI a Madrid. Es su gran oportunidad de volver al primer plano de la actualidad.

¿En qué otro lugar podría encontrar el Príncipe de las Tinieblas tamaña concentración de almas puras a las que arrastrar a la perdición? ¡Si hasta les ponen camisetas con eslóganes para identificarlas! Ya se sabe que la mayor artimaña del Maligno es hacer creer que no existe, pero es que ya solo creen en él los seguidores de Íker Jiménez, y eso sí que no. Así que no le queda mejor venganza que aprovechar los happenings católicos (al parecer le aburren las marchas laicas y de los santos indignados) para cosechar víctimas propiciatorias mientras Su Santidad, distraída, reparte bendiciones desde estrados tan horteras que hasta Los Manolos se lo pensarían antes de pisarlos.

Sí, amigos lectores, es del pobre Ángel Caído del que me acuerdo en estos días, y de los libros rigurosamente faltos de actualidad que podrían acompañarle en su soledad, ahora que ni las beatas le dan bola. Por ejemplo:

Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes? (Enrique Jardiel Poncela)
Jardiel escribió esta novela tan humorística como ácida y crítica con las relaciones entre los sexos allá por 1930, y sigue tan fresca, cáustica e hiriente como por aquel entonces. De haberla publicado en nuestros días, probablemente habría añadido al título “mayores de quince años” antes de cerrarlo con la interrogación.

El maestro y Margarita (Mijaíl Bulgákov)
Moscú, 1930. Satanás desciende a la ciudad bajo la forma de un profesor de ciencias ocultas y, claro, se lía parda. Acontecimientos fabulosos comienzan a alterar la vida de los moscovitas, y Stalin tan pancho en el Kremlin firmando penas de muerte y preparando purgas y deportaciones. Una fabulosa sátira antiestalinista y una inteligentísima novela con múltiples lecturas.

El diccionario del Diablo (Ambrose Bierce)
Fernando Savater escribió en un artículo en El País que releía este libro para calmarse cuando la estupidez propia y ajena se le hacía insufrible. En sus palabras, es un “repaso despiadado y agudísimo de los tópicos e ilusiones de una era que aún es en gran parte la nuestra”. Bierce fue un periodista y escritor norteamericano que desapareció en el México revolucionario en 1913. Entre su obra destaca este heterodoxo y pesimista diccionario publicado en 1911, de corrosivo humor negro y repleto de grandes definiciones como esta:

Abstemio: Persona de carácter débil, que cede a la tentación de negarse un placer. Abstemio total es el que se abstiene de todo, menos de la abstención; en especial, se abstiene de no meterse en los asuntos ajenos.

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