Archivo de la etiqueta: Arturo Pérez-Reverte

Papelazo

Si yo fuera Arturo Pérez-Reverte (ya me gustaría) y supiera que me siguen miles de incondicionales, quizá también me marcaría frases como ésta alusiva al libro de papel: “Quien crea que esa trinchera extraordinaria, su confortable compañía, la felicidad inmensa de acariciar lomos de piel o cartoné y hojear páginas de papel, pueden sustituirse por un chisme de plástico con un millón de libros electrónicos dentro, no tiene ni puta idea. Ni de qué es un lector, ni de qué es un libro”.

Pero como no soy Pérez-Reverte (mierda), no me atrevo a lanzar juicios tan categóricos, aunque adelanto que no estamos ante otro exabrupto pérezrevertiano del estilo del que dedicó hace poco a Moratinos, sino ante el remate de un interesante artículo (publicado en XL Semanal, el dominical de Vocento), que dedica al libro electrónico, y bastante más equilibrado de lo que podría hacer suponer ese dogmático final. Léelo completo aquí.

CON UN TIRO EN LA PIERNA
Lo cierto es que sólo me parezco en una cosa a Pérez-Reverte: mi amor por los libros de papel es incondicional, y envidio su biblioteca de 30.000 volúmenes, pero eso no me impide suscribir letra por letra esta frase de Arcadi Espada: “(…) la industria editorial española no pretende aprovechar las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, sino tan sólo retrasar la debacle lo máximo posible boicoteando su propio negocio”.

Puedes leer esta reflexión y otras muchas en Los 10 pecados editoriales, una entrada de su blog en El Mundo en la que Espada analiza el presente y futuro de la industria editorial a la luz del libro electrónico y lo digital. Para el periodista y escritor catalán, la actitud de los editores tradicionales ante lo que se les viene encima con los e-books equivale a pegarse un tiro en la pierna justo antes de emprender el Camino de Santiago, y aunque quizá su post se pase de categórico (¿deformación profesional de tertuliano?), no tiene desperdicio, ni por sus conclusiones ni por la cantidad de información útil que contiene. Más que recomendable.

Aunque estoy bastante de acuerdo con ambos y me acabaré haciendo con un lector electrónico, mi corazón se queda con Reverte: “Si los libros de papel, bolsillo incluido, han de acabar siendo patrimonio exclusivo de una casta lectora mal vista por elitista y bibliófila, reivindico sin complejos el privilegio de pertenecer a ella”. Amén.

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Grandes para pequeños

Nunca había sido tanta la oferta de libros para niños y nunca se había visto en las librerías tal cantidad de volúmenes magníficamente editados, muchos con ilustraciones que en ocasiones justifican la compra por sí solas. Alfaguara, una de las grandes de la edición española que más cuida la literatura infantil y juvenil, acaba de lanzar una colección que, con el título de Mi primer, publicará cuentos para niños escritos por autores de máximo nivel.

Va en serio, porque abren el fuego Arturo Pérez-Reverte (quien tuvo la idea de la colección y ejerce de asesor del proyecto) y Mario Vargas Llosa. Ambos debutan en la difícil literatura infantil con El pequeño hoplita y Fonchito y la Luna, respectivamente, dos cuentos de argumentos muy diferentes e ilustrados por Fernando Vicente el primero y Marta Chicote Juiz el segundo.

El relato de Pérez-Reverte narra la historia de la batalla de las Termópilas, y su protagonista es un niño con una misión que cumplir, mientras que el autor de La Fiesta del Chivo se enfrenta al reto con la historia de un crío -Fonchito- que se enamora por primera vez y tiene que conseguir la luna por un beso de su amada compañera de clase.

La colección tiene muy buena pinta y continuará con cuentos para niños escritos por autores propuestos por Pérez-Reverte, entre ellos gente del calibre de Javier Marías, Eduardo Mendoza y Antonio Muñoz Molina.

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El asedio

Corre la opinión -quizá nacida en alguna reluciente factoría del márketing- de que en El asedio (Alfaguara, 736 págs., 22,5 €) está todo Pérez-Reverte, de la misma manera que en Guerra y Paz está todo Tolstói. Incluso se atreven -y esto sí desprende un inconfundible olor a azufre mercadotécnico- a calificar la nueva novela del creador del capitán Alatriste como su Guerra y paz particular. Exageren o no, hay mucho de bueno en esta historia ambientada en el asedio francés al Cádiz de 1811 y 1812, en plena Guerra de la Independencia, ésa que nos sirvió para caer en la dependencia suma del “vivan las caenas” y dio paso a más de un siglo de discordias y guerras civiles rematadas con los 40 años de monarca absoluto de Franco, al que mataron los rojos de muerte natural, como decía Umbral.

Reverte ha cubierto ya una sólida y larga carrera narrativa -iniciada en 1986 con El húsar y la adictiva lectura de El asedio deja en uno la sensación de haberse enfrentado en ella a la exhibición del catálogo de virtudes y características que han ido definiendo su literatura. Este relato denso, bien trabado y poderoso tiene aire de fin de etapa y logro máximo, como si fuera inevitable que el Reverte que lo siga debiera ser otro, para librarse del riesgo de caer en la rutina y la autocomplacencia.

ASESINATOS Y BOMBAS
La heredera de una casa comercial gaditana, un capitán corsario sin nada que perder, un taxidermista espía, un guerrillero del pueblo llano, un artillero francés obsesionado con trayectorias balísticas y proyectiles y un policía despiadado y corrupto son los personajes principales de una intriga con una premisa misteriosa: jóvenes muchachas, apenas adolescentes, aparecen asesinadas -desolladas a latigazos- en los mismos lugares donde caen las bombas francesas de la copla (con las bombas que tiran / los fanfarrones / se hacen las gaditanas / tirabuzones). Cái es lo que tiene.

Esa aparentemente inextricable relación entre los crímenes y los bombardeos va trazando un mapa siniestro sobre Cádiz -la ciudad es otro de los personajes principales, no un mero escenario-, mostrada como un lugar inquietante y lleno de secretos, en contraste con la imagen de calles luminosas y abiertas al mar que suele sugerir. Sin duda, uno de los mayores y originales aciertos del libro.

VIDAS CRUZADAS
A partir de ahí, Pérez-Reverte teje las existencias de unos antihérores que le sirven para ofrecer una visión descarnada del ser humano, y lo hace con paciencia y a veces hasta morosidad -la prosa está muy cuidada en cada página-, para acelerar en las escenas de acción, concisas, certeras y contundentes como puñetazos -las borda-, y bajar el nivel sólo en la historia de amor, muy contenida y decimonónica, a lo Jane Austen, donde se encuentran los únicos desmayos en el ritmo de una trama policíaca sostenida con pulso y vigor de artesano hasta la última de sus más de setecientas páginas.

El asedio es también una novela sobre la España que pudo ser y no fue -es decir, una reflexión histórica-, el retrato minucioso de la vida cotidiana de una ciudad única y peculiar en un momento decisivo de su evolución -Reverte debe de haberse dejado las pestañas documentándose, y se nota en todo momento-, y un ejercicio de estilo, con un castellano rico y un vocabulario preciso y extenso -hay mucha jerga marina, que Reverte domina como buen aficionado práctico-, que se lee con placer y requiere a veces el uso de un  diccionario, como en tantas obras de Delibes, condenadas a la arqueología léxica en unos años, si no ya.

Si crees que la literatura de calidad es cosa de cuatro almas sensibles y no puede habitar en las páginas de un best-seller (la primera edición cuenta con 300.000 ejemplares y el libro ha entrado directo a los primeros puestos de los más vendidos), quizá esta apasionante y espléndida novela te convenza de lo contrario.

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Aún hay clases

En las próximas semanas, dos novelas históricas van a entrar en las listas de los libros más vendidos para quedarse una buena temporada. La primera es Venganza en Sevilla (Planeta), de Matilde Asensi, una aventura ambientada en la populosa capital andaluza de principios del XVII. Basta descargarse el primer capítulo de la web de la autora para advertir el olor a coñazo homérico y prosa funcionarial, espesa, gallinácea y más plana que una entrevista con Indurain. Pero nos hartaremos de verla en el metro y las playas.

La segunda es El asedio, de Arturo Pérez-Reverte (la publica Alfaguara el 3 de marzo), y aunque él niega que sea una novela histórica, se desarrolla en Cádiz durante 1811 y 1812. No sería mala cosa que PP y PSOE introdujeran en su hipotético Pacto por la Educación una cláusula que incluyera algunos relatos de Pérez-Reverte en los planes de estudio. Las aventuras del capitán Alatriste están bien escritas -uno descubre la pobreza del castellano que hablamos cotidianamente-, divierten, enganchan y en ellas se aprende bastante más historia que en las clases de la mayoría de profesores de ESO (qué nombre tan definitorio). Cabo Trafalgar o Un día de cólera son también recomendables ejemplos del género preferido por los españoles, según proclaman las estadísticas año tras año.

Asensi desciende del infantiloide Dan Brown; Reverte, de Alejandro Dumas, rey del folletín histórico con clase. Y no es lo mismo.

NOTA: En breve, mi top de novelas históricas (no sale Ken Follett, aún no soy una vecinita).

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Lecturas a 9.000 metros

La revista Time acaba de publicar una lista con los diez libros más vistos en los aviones y aeropuertos de los EE.UU. en los últimos cinco años. Este Top 10, que incluye a súper ventas como John Grisham y Michael Crichton, está encabezado, por supuesto, por Dan Brown y dos de sus mega-best-sellers: Ángeles y Demonios y El Código Da Vinci (81 millones de ejemplares vendidos).

Por cierto, la última de Brown, El símbolo perdido (a la venta el 29 de octubre) está batiendo récords de ventas en los EE.UU, Canadá y el Reino Unido, y me juego una cena a que sustituirá a Stieg Larsson en el transporte público. Protagoniza la esotérica intriga el personaje de más éxito del millonario novelista: el profesor Robert Langdon, pero hay una novedad trascendental: el argumento se ha pasado del Opus Dei a la masonería. ¿Para cuándo una con los escolapios, Dan?

¿Y EN ESPAÑA QUÉ?

La lista es muy americana, claro. No tengo noticia de que se haya elaborado una similar en nuestro país, pero como llevo un seleccionador y un curioso sociólogo (léase mirón) dentro, voy a aventurar la mía, con el rigor de un tertuliano. Allá va:

1. Una de las de título enrevesado de Stieg Larsson.
2. Una de las de título enrevesado de Stieg Larsson.
3. Una de las de título enrevesado de Stieg Larsson.
4. La catedral del mar, de Ildefonso Falcones.
5. La cuadragésimo sexta edición de El alquimista, de Paulo Coelho.
6. El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón.
7. El niño con el pijama de rayas, de John Boyne.
8. Una de llorar de Isabel Allende.
9. Alguna del Alatriste de Pérez Reverte.
10. El arte de la guerra, de Sun Tzu (en Business y el puente aéreo).

Haceros una, venga.

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