Archivo de la etiqueta: Enrique Vila-Matas

Libranda(nos) del mal

Como decíamos ayer, hice muy bien en llevarme a Vila-Matas para las vacaciones. Las reflexiones inteligentes, atinadas e irónicas de su Dietario voluble son perfectas para leerlas entre cerveza y cerveza -¿cómo es posible que haya gente y hasta civilizaciones enteras que vivan sin el alcohol que todo lo mejora y nos hace más felices?-, y además me llevé el gustazo libresco de encontrar en el momento preciso un pasaje que se correspondía con la tortura que vivía embutido en una aglomeración para el embarque en un vuelo low-cost. Állá va:

  • Cuando veo el barullo y todas esas brutales filas de gente esperando en los aeropuertos, inevitablemente pienso en Louis-Ferdinand Céline: “Oleadas incesantes de seres inútiles vienen desde el fondo de los tiempos a morir sin cesar ante nosotros y, sin embargo, seguimos ahí, esperando lo que sea… “

Admitámoslo. El verano es la estación de los horrores, y basta el espectáculo -apropiado para un cuadro de El Bosco que nos brindan los espantosos pies de nuestros congéneres, dignos de una leprosería medieval, para desear una súbita teletransportación a Laponia, donde me cuentan mis corresponsales que las chanclas tienen poco mercado. ¿Tendrá razón Vila-Matas cuando dice que “los embrutecidos aeropuertos de hoy sólo son un anuncio del pavoroso futuro que nos espera?” ¿Estamos ya en una culturilla de bajo coste, obsesionada con la seguridad y que se cree muy libre sólo porque puede comprar cosas, cuando su realidad profunda es que vive permanentemente acojonada por todo? Y encima, en bermudas.

Mi misantrópica melancolía de fin de vacaciones -suerte, compañeros, nos veremos en otra Omaha Beach- ha crecido al descubrir que cierra Méndez, una librería de toda la vida del barrio de mis padres, supongo que fagocitada por las grandes superficies y la lógica implacable del negocio. Cuando ya no quede ni una librería de barrio las ciudades serán definitivamente parques temáticos (las bonitas, al menos) y sus corredores calles entre un centro comercial y otro.

Con este panorama, meterme en plataformas on line a lo Libranda me apetece lo mismo que cenar con Maradona o vivir en un pasillo de Barajas. Próxima estación, Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Habrá que defenderse leyendo. Y con alegría.

2 comentarios

Archivado bajo Ensayo, General, Libro electrónico

Lectura veraniega

Me largo. Vaco. No quiero oír nada de crisis, despidos (espero), reformas laborales ni mercados, esos nuevos dioses olímpicos que truenan sobre los pobres mortales, rigen sus grises destinos y castigan al soberbio que los desafía. Intentaré huir de la información, enemiga declarada de la felicidad, y de toda la bazofia sectaria disfrazada de periodismo que nos inunda, y me dedicaré a la contemplación, los placeres físicos -cuanto más groseros mejor- y la divagación en buena compañía.

Como cualquier lector avezado sabe, la elección de los libros vacacionales es una tarea delicada y que exige tacto. El estado mental que pretendo alcanzar requiere lecturas -de eso no deserto- que lo propicien. Por eso llevaré conmigo el Dietario voluble (Anagrama, 280 págs., 8,50 €) de Enrique Vila-Matas, que abarca tres años (2005-2008) del cuaderno de notas personal de uno de los escritores españoles más estimulantes que conozco. Reflexiones disparadas en todas direcciones, fronteras entre el ensayo y la ficción difuminadas, observaciones literarias mezcladas y agitadas con la vida, fragmentos para leer a dosis pequeñas y mirar el mundo de otra manera. 

¿Y tú, qué vas a leer en vacaciones?


3 comentarios

Archivado bajo General

¿Sueñan los e-books con rosas eléctricas?

El Día del Libro ha llegado y pasado, y bien podrían haberlo llamado Día del e-book, o, quizá, Día del iPad. La rectangular sombra del nuevo juguete de Apple ha planeado sobre las casetas de la Rambla barcelonesa donde los autores firman libros y a más de un editor no le llega la camisa al cuerpo, aunque no hay que exagerar ni caer en la histeria. Como escribe Vila-Matas, más allá de la era digital y de Google -que también desaparecerá un día- sólo nos espera “el terrible Eyjafjallajökull, el centro de Difuclyatd, allí donde se oye el permanente e inconfundible gluglú de un desagüe”. (Vila-Matas me lee, fijo, y me ha copiado lo del desagüe).

Steve Jobs, sus locos cacharros y los editores también se perderán como gotas en la lluvia, pero, mientras, tienen que hacer caja y entretenerse, como todos. Apunta: con motivo de este día libresco, Leqtor.com ha lanzado la edición digital de la serie Millennium de Stieg Larsson, aunque sólo en catalán. ¿Por qué no en castellano? Por una sólida razón: Destino, propietaria de los derechos del best-seller en España, esperará a la puesta en marcha de la plataforma de venta de libros electrónicos que prepara junto a Random House/Mondadori, Santillana y otras editoriales. ¿Fecha prevista? Junio. ¿Oferta? Unos 5.000 títulos, incluyendo a los autores españoles de más éxito. La van a liar parda. O no.

LA ALDEA GALA RESISTE
Tengo para mí que muchos bibliófilos viven secretamente encantados estos días de ominosos agüeros sobre el futuro de su bien más preciado. Elitistas de corazón, vislumbran gozosos un mañana en el que poseer una amplia y polvorienta biblioteca física será un rasgo de distinción similar al de llevar monóculo en la Camboya de Pol-Pot.

Dos de esos bibliófilos son Umberto Eco y Jean Claude Carrière, protagonistas de Nadie acabará con los libros (Lumen, 272 págs., 21,90 €), donde ambos intelectuales mantienen una charla en la que reflexionan sin ponerse apocalípticos sobre el pasado, el presente y el futuro del libro, y sobre cómo va a cambiar su circunstancia y continente -que no su esencia- con la irrupción del libro electrónico, lo digital y las omnipresentes pantallas. Habrá que leerlo y (¡ay!) olerlo y acariciar su lomo.

3 comentarios

Archivado bajo General, Libro electrónico

Dublinesca

Samuel Riba es un prestigioso editor literario que se deshace de su editorial justo cuando su oficio cede al circo de novelas de templarios, esoterismos de rastrillo y otras baratijas que se venden junto a las cajas de las grandes superficies comerciales, como los chicles y las pilas. La galaxia Gutenberg va dejando paso a la avalancha digital y Riba, retirado, se siente ajeno al mundo. Vaga como alma en pena entre fantasmas del pasado, rutinarias visitas a sus ancianos padres, un matrimonio tranquilo y aburrido y la ominosa sensación de estar siendo olvidado lenta pero inexorablemente. Solo, ocioso y consolado por su adicción a Internet, necesita encontrar algo que dé sentido a su vida.

Sí, Riba se va por el desagüe, hasta que un sueño premonitorio le dice que la salvación pasa por Dublín, ciudad en la que no ha puesto el pie y que por misteriosas razones supone para él una especie de antesala de Nueva York, su paraíso en la Tierra, el auténtico centro del mundo. Espoleado por el presagio, convence a tres amigos escritores para viajar a la capital irlandesa a participar en el Bloomsday, que cada 16 de junio conmemora el Ulises de James Joyce, cuya acción transcurre precisamente ese día de 1904. Pero tiene algo más que hacer allí: celebrar el funeral de la brillante era Gutenberg que muere y saber si existe el deseado escritor verdaderamente genial cuyo descubrimiento habría supuesto la culminación de su labor editora.

HUMOR Y DESCONCIERTO
Es la trama de Dublinesca, la novela con la que Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) ha dado el salto de Anagrama a Seix-Barral. Podría haberse quedado en una historia libresca (cultureta, dirían algunos, empleando el despectivo término que convierte en sospechoso a cualquiera que haya leído más de seis libros), y de hecho rebosa de alusiones a escritores (Joyce y Beckett, que sobrevuelan constantemente sus páginas, o autores vivos como Paul Auster, convertido incluso en un personaje del libro, de breve aparición), películas, poemas, canciones…

Podría, sí, pero a Vila-Matas le sobra el talento narrativo para evitarlo y escribe armado hasta los dientes con un humor sutil, amargo, desconcertante a veces e inteligente siempre, que lo salva de convertirse en un escritor frío, cerebral y lejano. Su finísimo sentido del humor consigue que el lector se identifique con las desventuras y desvelos de Riba, un personaje patético y conmovedor que va descubriendo que envejecer no tiene ninguna gracia y que la vida no tiene hilo ni argumento salvo cuando se narra.

El autor ha declarado que en Dublinesca hay, al margen de las peripecias de los personajes, “un tono melancólico, uniforme y otoñal”, y es cierto, pero también encontramos sátira, apariciones, extraños sucesos y coincidencias, chispazos reflexivos, ideas y teorías literarias y -una de las claves- la irónica parodia de los apocalipsis que nos cercan (¿qué época no ha tenido la sensación de estar viviendo el final de una era?), cuya pregonada abundancia sólo puede abordarse ya desde una distanciada perspectiva humorística.

Vila-Matas -márcalo de cerca- demuestra aquí que ambición y seriedad no están reñidas con la diversión y nos ofrece una novela compleja, sugerente, abierta a muchas lecturas y que premia al lector que hace el esfuerzo de adentrarse en sus páginas.

Deja un comentario

Archivado bajo General, Novela

Por mano propia

¿Qué tienen en común Sócrates y Virginia Woolf, Kurt Cobain y Hitler, Mishima y Van Gogh? El suicidio, el asunto más importante para Albert Camus, que publicó un ensayo (El mito de Sísifo), encabezado por esta frase: “No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio”.

Podría -supongo que existe ya- escribirse un gran libro con las notas, cartas, excusas y razones dejadas por los suicidas antes de pegar el Gran Salto por razones diversas. Ocuparía un lugar de honor el mensaje que el novelista italiano Emilio Salgari dejó a sus editores antes de darse matarile a orillas del Po (siguiendo, por cierto, una arraigada tradición familiar).

“A mis editores: A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semi miseria o aún peor, sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma. Emilio Salgari.”

SUICIDIOS EJEMPLARES

No planeo tirarme por el viaducto madrileño -está difícil con esa mampara anti muerto inminente que le pusieron hace años-, es que he empezado a leer Suicidios ejemplares, un libro de relatos de Enrique Vila-Matas (ya le tenía ganas), una colección de historias teñidas por “las nobles opciones de muerte que existen”. La cosa promete, y uno de los cuentos viene precedido por la siguiente cita de Séneca, otro ilustre suicida que se fue cortándose las venas al estilo romano, extraída de sus Epístolas morales a Lucilio.

“La cosa mejor que ha hecho la ley eterna es que, habiéndonos dado una sola entrada a la vida, nos ha procurado miles de salidas.”

Me voy unos días de vacaciones, y espero que todo el mundo siga ahí a mi vuelta. Vale.


Deja un comentario

Archivado bajo General