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¿Por qué despreciamos a los mendigos?

George Orwell se lo preguntaba en Sin blanca en París y Londres (Debate), la muy recomendable –¿escribió algo malo este hombre?– crónica de sus años de pobreza.

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En campaña

«El lenguaje político está diseñado para que las mentiras parezcan verdades y el asesinato una acción respetable, y para dar apariencia de solidez al puro viento».

 

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La escritura transparente

Aún no he sabido de un carnicero que despache filetes de cerdo mal cortados cuando le piden chuletas de cordero y se ponga farruco cuando el cliente se lo echa en cara. Sin embargo, sí que he visto redactores –por lo general los más descuidados y que peor escriben– encampanarse cuando se les corrige una noticia incomprensible y elaborada al margen de las más elementales normas periodísticas: quién, qué, dónde, cuándo, por qué y cómo.

El periodismo escrito es una respetable artesanía y hay que conocer sus herramientas, pero muchos quieren dedicarse a él sin distinguir las mollejas de las costillas. La pésima enseñanza de las facultades de la cosa en España, la precarización laboral, las redacciones diezmadas y la práctica desaparición de la figura del editor (esa oscura y fundamental antigualla) lastran la calidad incluso de los periódicos más importantes, y contribuyen a su desplome. Tanto daño hacen la crisis y el cambio de paradigma (del papel a lo digital) como la mercancía defectuosa, a veces poco más que un engrudo de teletipos mal engarzados encargado al becario.

Los gazapos, erratas y pifias de todo tipo son parte del periodismo, pero cualquier ojo atento habrá advertido que están creciendo más de la cuenta. Al parecer, en la trinchera ya no queda nadie que revise y ordene los churros antes de sacarlos a la venta.

Aquí van unos ejemplos –recopilados por Jot Down en Twitter– de cómo anda el nivel en el gremio, y no solo en la prensa escrita.

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Si la claridad es la cortesía del filósofo, debería ser la obligación del periodista. Los del gremio escribimos mal, a veces no se entiende lo que contamos y como solemos tener un ego inversamente proporcional a nuestro conocimiento, no ponemos demasiado interés en mejorar.

Muchos plumillas harían bien en leer La escritura transparente (Libros del K.O.), un librito de 125 páginas donde el veterano periodista Willian Lyon (74 años y mucha mili en Time, El Sol, El País…) ofrece consejos prácticos para mejorar nuestra redacción, comunicar con más eficacia y acercarnos al ideal de George Orwell, que sabía que “La buena prosa es como el cristal de la ventana”.

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Orwelliano

Un escritor alcanza la inmortalidad cuando su apellido se convierte en adjetivo, aunque sea para malvivir en boca de los periodistas deportivos que tildan de kafkianas las asambleas de los clubes de fútbol o de danteeeeeeescaaaaaaaas las más duras etapas de montaña del Tour.

Entre los apellidos adjetivados tan queridos por los locutores pelmazos y con pretensiones destaca orwelliano, en alusión a George Orwell (1903-1950), el escritor y periodista británico conocido sobre todo por dos libros imprescindibles: Rebelión en la granja y 1984, diagnósticos y denuncias implacables en forma de fábula alegórica y novela angustiosa, respectivamente, del gran mal que convirtió el siglo XX en una carnicería espantosa: el totalitarismo.

El término ‘orwelliano’ alude hoy a cualquier asunto relacionado con sociedades y sistemas totalitarios, y no es el único concepto sacado de la obra de Orwell para acabar convertido en tópico. También se usa indiscriminadamente al Gran Hermano que todo lo controla en 1984, aunque a muchos les sonará más por dar nombre al famoso concurso televisivo para borderlines exhibicionistas.

Eric Arthur Blair (verdadero nombre de George Orwell) murió sólo un año después de publicar 1984 y nunca sabremos qué habría opinado del empleo de sus invenciones, pero creo que le habría interesado lo que Amazon acaba de hacer con sus dos obras más famosas, y en especial sus implicaciones.

Como puedes leer en El País, la librería digital ha retirado 1984 y Rebelión en la granja de los Kindle de sus clientes que los habían adquirido en ella. ¿La razón? Amazon no disponía de los derechos para venderlos. ¿El método? Manipular de forma remota la biblioteca digital de estos clientes, que se han encontrado que ya no tenían esos títulos al volver a encender sus lectores Kindle de libros electrónicos y conectarse al servicio para actualizarlos (es un funcionamiento muy similar al del iPod e iTunes). La tienda electrónica aprovechaba la conexión del usuario para cargarse ambos archivos, y sin comunicarlo hasta rematar la faena.

Eso sí, Amazon ha devuelto el dinero, y al parecer su actuación se ajusta a la ley (te recomiendo que leas el apoyo de la noticia de El País, donde se trata de las implicaciones jurídicas del asunto y se dan pistas de las nuevas reglas del juego que vienen con el libro electrónico), pero no deja de ser inquietante que puedan hurgar así como así en tus archivos digitales, es decir, en tu privacidad. ¿Entrará el Gran Hermano en nuestras vidas a través de nuestras tarjetas de crédito? Sería una irónica y orwelliana vuelta de tuerca.

NOTAS

1. El autor inglés da para mucho. Te recomiendo Homenaje a Cataluña, un texto que puedes encontrar en Orwell en España, el libro editado por Tusquets que reúne todo lo que Orwell escribió sobre nuestra guerra civil, en la que luchó y en la que resultó gravemente herido por los comunistas durante los combates entre estos y los anarquistas en Barcelona, en mayo de 1937.

2. Me viene a la cabeza la película sobre 1984 que he visto varias veces a medias en televisión, pero sobre todo una de las canciones de la banda sonora, de Eurythmics, con un videoclip que me fascinaba de pequeño (ahora se me queda en curiosidad ochentera), sobre todo por los ojos de Annie Lennox.

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