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Los 20 más vendidos

Nielsen acaba de publicar la lista de los libros más vendidos en España en 2009.

5. La mano de Fátima, Ildefonso Falcones
6. Eclipse, Stephenie Meyer
7. Luna Nueva, Stephenie Meyer
8. Amanecer, Stephenie Meyer
9. El secreto, Rhonda Byrne
10. Crepúsculo, Stephenie Meyer
11. El fuego, Katherine Neville
12. La soledad de los números primos, Paolo Giordano
13. El niño con el pijama de rayas, John Boyne
15. Crepúsculo, Stephenie Meyer (edición de bolsillo)
16. En el reino de la fantasía, Gerónimo Stilton
17. La isla bajo el mar, Isabel Allende
18. Contra el viento, Ángeles Caso
19. Aurora boreal, Äsa Larsson
20. La crisis ninja y otros misterios de la economía actual, Leopoldo Abadía

2,7 millones de personas compraron alguno de los volúmenes de Millennium, la trilogía de Larsson, de cuyo primer volumen se vendieron más de un millón de ejemplares, y las ventas de cada uno de sus títulos casi duplican las del cuarto libro más vendido, El símbolo perdido, de Dan Brown.

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Procrastinación

No soy sobón (bueno, depende), pero empezaré con una de las citas más sobadas de la historia de la literatura, producto de la aguda mente de Borges, esa multinacional de las frases lapidarias: “Otros se jactan de los libros que han escrito; yo me enorgullezco de los que he leído”. No es por fastidiar, pero ¿sabías que Borges se quedó ciego?

No voy a presumir de los libros que he leído, porque la cifra sería ridícula. Tengo la costumbre de apuntar lo que me voy apretando y me sale una media de 30-35 títulos al año. Muchos para algunos, normal para otros, una mierda si tenemos en cuenta lo que se publica cada año (mucho más en España, tierra de sobreproducción libresca) y todas las maravillas escritas en el pasado, que convierten en obligación el comportamiento excluyente y hasta esnob si hace falta.

Esta exigencia elimina a Lucía Etxebarría, Dan Brown, Ildefonso Falcones, Paulo Coelho, novelas de masones, templarios y esoterismos históricos, y un género que detesto especialmente: el de las heroínas émulas de la Bridget Jones de Helen Fielding y sus tres Mandamientos Cosmopolitan: trepar en el trabajo, correrse mucho y bien y no engordar.

El caso es que a mí lo que me gusta es refocilarme en lo que no he leído (siempre que se trate de lecturas de las consideradas ineludibles), y en ese lodazal de páginas no abiertas tengo unos cuantos favoritos que me permiten fustigarme, aunque intuyo que el amor propio lector me hará abordarlas algún día. Aquí van:

DOSTOYEVSKY
Por supuesto, me refiero a sus grandes tochos: Crimen y Castigo y Los hermanos Karamazov. Terribles elucubraciones, densa introspección, el Bien y el Mal, cientos de páginas de letra minúscula y apretada, rusos con nombres interminables… Tolstoi me encanta, pero este hombre me intimida. Dicen que de él parte mucha de la mejor novelística del siglo XX, pero me da un perezón…

ULISES
Y eso que disfruté bastante con Dublineses y El retrato del artista adolescente, pero el Ulises de James Joyce me infunde el mismo respeto que los niños de los cursos mayores cuando era pequeño y un verdadero pringado-pardillo-panoli. Mejor no tocarles las narices.

PROUST
Juro por mi madre que tengo un amigo que se ha leído las siete novelas de En busca del tiempo perdido, pero yo me quedé varado en la que abre fuego, Por el camino de Swann. Recuerdo muy bien la experiencia. La cosa empezó floja pero vagamente prometedora, pasé por cien páginas áridas que estuvieron a punto de tumbarme y llegué a la tierra prometida del placer hacia el final (lo que en términos proustianos supone como doscientas o trescientas páginas). Quizá me lance a la empresa cuando me recluya en una habitación forrada de corcho…

LOS GRIEGOS
Pues sí, los grandes dramaturgos trágicos, Eurípides, Sófocles, Esquilo. He leído las desvergonzadas, divertidas y cáusticas comedias de Aristófanes, pero no he entrado en las del tridente ‘serio’. Éstas sí que van a caer, a mí me tira mucho el griego.

TINTÍN
Lo tengo fácil, porque guardo todos sus tebeos en un polvoriento rincón tomado por las pelusas. Me encantan el dibujo limpio de Hergé y sus secundarios maravillosos (la Castafiore, Hernández y Fernández…), y de mayor quiero ser como el Capitán Haddock, pero sin que me jodan el whisky.

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