Archivo de la etiqueta: Jorge Luis Borges

Italo Calvino, profeta de la ‘generación YouTube’

“Las novelas largas escritas hoy acaso sean un contrasentido: la dimensión del tiempo se ha hecho pedazos, no podemos vivir o pensar sino fragmentos de metralla del tiempo que se alejan cada cual a lo largo de su trayectoria y al punto desaparecen”. Italo Calvino (1923-1985).

Calvino y Borges

¿Qué le estaría diciendo el maduro maestro sonriente al viejo maestro ciego? Quizá Calvino le recordaba a Borges lo que el argentino escribió un día en el prólogo de sus Ficciones: “Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos”.

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Borges a fondo

En mi casa, cuando éramos pequeños y armábamos bulla, mi padre nos amenazaba: “Como seáis malos, os pongo la tele”. También nos intimidaba con la idea de llevarnos a ver el Guernica, pero nunca llegó a esos extremos.

Hoy, liado y sin tiempo para escribir posts, he recordado aquellos ultimátums, y por eso he decidido poneros la tele, aunque no seáis malos.

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Ponme medio de Faulkner

En Barcelona echa el cierre Catalònia, una vieja e importante librería cuyo local ocupará dicen un McDonald’s. Toma metáfora de la vida española. Eso sí que es echar sal en la herida y ponerle en bandeja a la afición la oportunidad de rasgarse las vestiduras y volcarse cubos de ceniza sobre las cabezas. Aunque sospecho que la pena y la nostalgia disminuirían si en lugar de la honrada e infecta cadena de comida rápida se anunciara un japonés cool o una gastroteca regentada por un discípulo de Ferran Adrià, me uno al clamor de los letraheridos (“¡Las librerías se mueren, hay que defender la cultura!”) y me golpeo el pecho con la derecha, mientras sujeto con la izquierda un libro de segunda mano que olisqueo con resignación.

El hecho, por lamentable que sea, tiene tanto de significativo como poco de extraño: el 40% de los españoles afirma no tocar un libro JAMÁS (o sea, que serán más) y, tal y como están las cosas, el McDonald’s lleva camino de convertirse en la marisquería del pueblo.

Las ventas en librerías bajan desde hace años (aún no hay datos oficiales, pero fuentes del sector estiman que el descenso en 2012 habrá rondado el 20%) y aquella figura del librero prescriptor que conocía el género como nadie y aconsejaba al comprador ha dado paso a una extinción masiva de los establecimientos pequeños y medianos, devorados por la crisis innombrable y poderosos depredadores (grandes superficies, Internet…) que contribuyen al empobrecimiento de la vida urbana.

LA RESISTENCIA LIBRESCA
Sin embargo, un pequeño grupo de galos mantiene el tipo, y al menos en Madrid, mi ciudad, van surgiendo pequeñas librerías que buscan fórmulas para sobrevivir. La más conocida es Tipos Infames, donde aparte de comprar puedes tomarte un vino o lo que se tercie y asistir a presentaciones, exposiciones y saraos varios, pero existen otras por el estilo como La Marabunta, Cervantes y Compañía o  Café Molar, que van más allá del mero comercio y lo estimulan con actividades que atraen a una fauna variopinta que siempre puede acabar picando y pasando por caja. Gafapastismo inteligente, diría yo.

La que no conocía es la que me topé el otro día bajando por Embajadores, en Lavapiés. Flaneaba yo acompañado por una bella e inteligente señorita, un ilustre caballero retirado y un jurista de postín no me dejo ver con cualquiera—, cuando el profesional de las leyes decidió adentrarse en el Mercado de San Fernando a comprar no sé qué verdura horrible. Lo acompañamos resignados y, nada más entrar, ¿qué fue lo que vimos justo a nuestra izquierda?

Lema

El lema define la naturaleza de La Casquería [LQ] Libros al peso, una librería que ocupa un antiguo puesto del mercado en un fenómeno inverso al que abría este post.

La Casquería

Esta casquería incruenta sigue una filosofía (en su web la explican con detalle) que cuestiona los modelos de producción y consumo al uso, y se enmarca en la nebulosa de movimientos e iniciativas populares que buscan nuevas formas de gestionar la sociedad y los espacios públicos. La frase me ha quedado muy aparente, pero como no pienso seguir por ese camino, repito, reitero, insisto: quien desee saber más, que vaya a su web, que lo dejan todo clarito.

Montan actividades de todo tipo y se abastecen principalmente de donaciones de libros usados que luego venden a bajo precio y al peso, lo que puede dar lugar a sofisticadas ironías: aquí, las obras completas de Borges costarían bastante menos que la saga entera de Caballo de Troya. 

Casquería 2

 

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“Fuck me, Ray Bradbury”

En 1955, Borges escribió en su prólogo a las Crónicas Marcianas (1950) del hace poco fallecido Ray Bradbury: “¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y de soledad? ¿Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima?”.

El prólogo borgiano supuso un espaldarazo al conocimiento en español de la obra de un joven escritor que cultivaba un género (la ciencia ficción) casi incógnito —cuando no despreciado— en la literatura en castellano.

En 2010, una tal Rachel Bloom (comedianta, cantante) rindió su particular homenaje al autor de Fahrenheit 451 con un videoclip en el que le rogaba irónicamente al ya nonagenario escritor que se la follara. La muchacha le envió al novelista un mensaje con el vídeo para felicitarle por su 90 cumpleaños y, de paso, autopromocionarse.

Cuando Bradbury vio el vídeo, puso esta cara de ¿lujuria? ¿estupor? ¿indiferencia? Luego, la Bloom se encargó de airear la foto del visionado y proclamar lo sexies que son los escritores y la inteligencia.

Ray Bradbury

El pobre Borges murió en 1986 y no llegó a esto de Internet y la viralidad. Quizá por eso nadie se lo quería follar.

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Los antídotos

A Cristina Kirchner rodeada de lameculos prefiero un festival de la inteligencia.

A Maradona escupiendo necedades prefiero la seducción del genio.

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