Archivo de la etiqueta: Luis Alberto de Cuenca

Cosas de hombres

MUJERES

Mira que las deseo.
Y qué poco me gustan.

Luis Alberto de Cuenca

Deja un comentario

Archivado bajo General, Poesía

La malcasada

Es la tercera vez que lo hago y temo repetirme, pero soy hombre (y animal) de costumbres, así que vuelvo a reproducir unos versos de Luis Alberto de Cuenca. Porque me gusta y me divierte, y porque (casi) nunca nada es para tanto, o al menos eso me gusta pensar.

LA MALCASADA, Luis Alberto de Cuenca

Me dices que Juan Luis no te comprende,
que sólo piensa en sus computadoras
y que no te hace caso por las noches.
Me dices que tus hijos no te sirven,
que sólo dan problemas, que se aburren
de todo y que estás harta de aguantarlos.
Me dices que tus padres están viejos,
que se han vuelto tacaños y egoístas
y ya no eres su reina como antes.
Me dices que has cumplido los cuarenta
y que no es fácil empezar de nuevo,
que los únicos hombres con que tratas
son colegas de Juan en IBM
y no te gustan los ejecutivos.
Y yo, ¿qué es lo que pinto en esta historia?
¿Qué quieres que haga yo? ¿Que mate a alguien?
¿Que dé un golpe de estado libertario?
Te quise como un loco. No lo niego.
Pero eso fue hace mucho, cuando el mundo
era una reluciente madrugada
que no quisiste compartir conmigo.
La nostalgia es un burdo pasatiempo.
Vuelve a ser la que fuiste. Ve a un gimnasio,
píntate más, alisa tus arrugas
y ponte ropa sexy, no seas tonta,
que a lo mejor Juan Luis vuelve a mimarte,
y tus hijos se van a un campamento,
y tus padres se mueren.

1 comentario

Archivado bajo General, Poesía

Elogio de las carnes

LA VENUS DE WILLENDORF, Luis Alberto de Cuenca

Entre las chicas norteamericanas
que estudian español en la academia
de enfrente de tu casa, hay una gorda
que es igual que la Venus de tus sueños.
Bajo una camiseta de elefante
que pone «University of Indiana
(Jones)» y unos pantalones de hipopótamo,
se mueve por el mundo con el arte
que le da su ascendencia mitológica.
Hace ya varios días que vigilo
desde el balcón su cuádruple barbilla
y el sol dorado de su cabellera.
Hace ya varios días que le envío,
cuando se pone a tiro de mis ojos,
dardos de amor y flechas de deseo.
Pero no llegan nunca a su destino.

Qué divertido sería que leyeran estos versos antes de cada desfile en la Pasarela Cibeles, donde los cuerpos impuestos por los hombres que no desean a las mujeres visten ropas que nadie se pondrá… ¿Sabías que el autor del poema -al que ya he sacado por aquí, y volveré a hacerlo- es también el letrista de esta canción de la Orquesta Mondragón? Atención, lo bueno del ochentero vídeo empieza más o menos a los dos minutos, con la irrupción del gran Popotxo, fabuloso en su papel de Rambo salvador de monjas y aquí travestido de estricta dominanta (vasca). ¡Rock & Roll!

1 comentario

Archivado bajo General, Poesía

Noche de ronda

NOCHE DE RONDA, Luis Alberto de Cuenca

En otro tiempo hubieras empleado la noche
en hablarle de libros y de viejas películas.
Pero ya eres mayor. Ahora sabes que a ellas
les aburren los tipos llenos de nombres propios,
que tu bachillerato les tiene sin cuidado.
De modo que le dejas tomar la iniciativa,
desconectas y finges que escuchas sus historias,
que invariablemente -recuerdas de otras veces-
versan sobre el amor, los viajes, la dietética,
su familia, el verano, la buena forma física,
el más allá, las drogas y el arte postmodemo.
De cuando en cuando asientes, recorriendo sus ojos
con los tuyos, rozando levemente sus muslos,
y elevas a los cielos una angustiosa súplica
para que aquella farsa termine cuanto antes.
Pasarán, sin embargo, todavía unas horas
hasta que, ebria y afónica, se abandone en tus brazos
y obtengas la victoria pírrica de su cuerpo,
que, pese a los asertos de tres o cuatro amigos,
será muy poca cosa. Y, cuando esté dormida,
saldrás roto a la calle en busca de una taza
de café gigantesca, maldiciendo las copas
que arruinaron tu hígado en la estúpida noche
y pensando que, al cabo, merece más la pena
no comerse una rosca y hablarles de tus libros,
amargarles la vida con Shakespeare y con Griffith.
O buscarse una sorda para que nada falte.

Si todavía piensas que la poesía es aburrida, puedes empezar a desengañarte con De amor y de amargura, una antología de los versos amorosos de Luis Alberto de Cuenca que editó Renacimiento en 2003. Si vives en Madrid o piensas acercarte en los próximos días, quizá lo encuentres revolviendo por las casetas de la Feria del Libro de Madrid, en el Parque del Retiro.

2 comentarios

Archivado bajo General, Poesía