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Poderes Terrenales

Los errores médicos matan. Pero sólo a veces. En 1959, Anthony Burgess (1917-1993) servía en el ejército británico como educador. Llevaba años destinado en Malasia y Borneo cuando sufrió un colapso durante una de sus clases. Le diagnosticaron un tumor cerebral y no le dieron más de dos años de vida. Burgess volvió a Inglaterra, donde abandonó la enseñanza por una frenética carrera como escritor (aunque ya había publicado su Trilogía Malaya) con el objetivo de dejar algo de lo que vivir a su esposa, Lynne.

Tres años más tarde, en 1962, ya había escrito siete novelas y empezado a colaborar en la BBC. Todo indicaba que no se estaba muriendo. Escritor, poeta, crítico, periodista, compositor, profesor, guionista
y auto expatriado para no pagar impuestos al fisco inglés (vivió en diferentes lugares de Italia y Suiza para acabar asentándose en Mónaco, como un piloto de Fórmula 1), Burgess alcanzó la fama con La Naranja Mecánica (1962), novela que dio lugar a una película dirigida por Stanley Kubrick y que no gustó nada al escritor, que la calificó de “pornográfica”.

AL ALTAR POR UN GAY

Pero yo no he venido aquí a recomendar ese libro, sino Poderes Terrenales (1980) , una novela
que empieza así: “Era la tarde de mi ochenta y un aniversario, y yo estaba en la cama con mi Ganimedes, cuando anunció Alí que había venido a verme el Arzobispo”. ¡Supera eso, Almodóvar!

El que así habla es Kenneth Marchal Toomey, un viejo escritor homosexual retirado, que vive en Malta con su joven amante (el Ganimedes que lo cubre). Y el que lo visita es el Arzobispo de la isla, que tiene una extraña misión: pedir al anciano gay que dé testimonio de una curación milagrosa para el proceso de elevación a los altares del difunto papa Gregorio XVII, viejo amigo de Toomey.

Este inicio delirante es una buena muestra del originalísimo humor de Burgess y da paso a los recuerdos de Toomey, que nos llevan por el París de entreguerras, la barbarie del fascismo, el Hollywood corrompido de sus días de mayor esplendor y otros escenarios y momentos únicos del siglo pasado. Poderes Terrenales es una novela de alta graduación, no apta para abstemios literarios, intensa, divertida, densa y la mejor puerta de entrada a la obra de un escritor que no admite etiquetas fáciles. Atrévete a pasar, no te arrepentirás.

Y UNO MÁS

Alfaguara lanzó hace unos meses Un hombre muerto en Deptford, la última novela de Anthony Burgess, publicada en el Reino Unido en el año de su muerte. Su protagonista es Christopher Marlowe, dramaturgo inglés nacido el mismo año que Shakespeare y muerto de una puñalada en una bronca tabernaria a los 29 años. ¿O fue un asesinato por motivos políticos? Muy recomendable.

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La vieja Rusia

Rusia: frío mortal, tiranos, Siberia y el General Invierno, matanzas, estepas inmensas, vodka, catedrales con cúpulas de David el Gnomo, talentosos futbolistas indolentes, bellezas de ojos claros y pómulos marcados, el alma rusa… Topicazos. Para mí, que nunca he estado allí, Rusia significa escritores.

Por ejemplo, Vasili Grossman (1905-1964). Vida y destino, excelentemente editado por Galaxia Gutenberg (ojo a su catálogo) ha sido para mí uno de los mayores descubrimientos como lector en años. Decir que es el Guerra y Paz del siglo XX se ha convertido ya en otro lugar común, pero da una idea aproximada de esta novela-río con el horror de Stalingrado de fondo: una denuncia del estalinismo que Grossman no vio publicada (en la URSS lo de la disidencia no era cool y la KGB se quedó hasta con la cinta de la máquina de escribir del autor).

Vida y destino salió clandestinamente microfilmada de la Unión Soviética y se publicó en el extranjero en los 80 y en la URSS en 1988, un año antes de la caída del Muro. Grossman se ha hecho ‘popular’ en España en los últimos años. Hemos podido leer su última novela, Todo fluye, otra disección de la época de Stalin y del totalitarismo, e incluso libros que nos acercan a su figura, como Un escritor en guerra, publicado en Crítica por el muy recomendable historiador británico Antony Beevor.

Grossman fue corresponsal del Estrella Roja, el periódico del Ejército Rojo en la II Guerra Mundial. Al margen de sus artículos, recogió sus experiencias en cuadernos íntimos que no vieron la luz hasta que Beevor los recopiló y ordenó en este volumen que nos lleva con las tropas rusas de Stalingrado a Berlín, pasando por Treblinka y otros infiernos que no somos capaces de imaginar. Leed a Grossman, no os arrepentiréis.

EL DIABLO EN MOSCÚ

Años 30. El Diablo, acompañado por una cohorte de demonios, entre ellos un malicioso gato parlante, decide pasar una temporada en Moscú bajo la forma de un profesor alemán. No han ido de vacaciones. El Príncipe del Mal y sus secuaces provocan un caos de malentendidos, coincidencias y disparates que acaban con la vida de muchos y revelan las miserias de la condición humana bajo la tiranía.

El maestro y Margarita (Alianza Editorial) es la inclasificable novela de Mijaíl Bulgákov (1891-1940), una sátira que va mucho más allá para convertirse en una de las historias más originales que he leído (parte del relato transcurre en la Jerusalén de Poncio Pilatos y no causa ninguna extrañeza). Bulgákov la dejó inacabada y fue su mujer quien remató los capítulos finales en 1941, aunque el libro no pudo ser publicado hasta 1966, cuando la dictadura soviética había aflojado las riendas.

De hecho, nuestro hombre fue perseguido por el régimen soviético, aunque lo increíble es que no lo fusilaran. Bulgákov se atrevió a escribir una carta a Stalin en 1938 pidiéndole permiso para emigrar y el dictador en persona lo llamó por teléfono para pedirle explicaciones. El escritor no se atrevió a reiterar su petición…

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Por tierras del Norte

Cuando tiréis bolas de nieve, apuntad bien. Un fallo puede tener consecuencias imprevistas. Tantas como para dar lugar a los tres libros brillantes, ricos y adictivos que forman la Trilogía de Deptford. Son El quinto en discordia (1970), Mantícora (1972) y El mundo de los prodigios (1975), del canadiense Robertson Davies (1913-1995).

Estamos en Deptford, un pequeño pueblo de Ontario, en 1908. Dunstan Ramsay, de diez años, esquiva una bola de nieve que le lanza su amigo Percy Staunton, con tan mala suerte que el inocente proyectil va a parar a la embarazada señora Dempster, provocándole un parto prematuro del que nacerá Paul Dempster, un niño con algunas deficiencias causadas por el adelantamiento accidental de su venida al mundo.

A esas alturas (apenas unas páginas) de El quinto en discordia, el simpático abuelete de la foto ya te ha cogido sin remedio por la solapa para pasearte –intrigado al principio, enganchado después, y siempre entretenidísimo– por las vidas de Ramsay, un aparentemente anodino profesor universitario especializado en hagiografía; Staunton, millonario de éxito y político ambicioso, y Dempster, el niño prematuro, que acaba convirtiéndose en un extraño prestidigitador de fama mundial.

La Trilogía de Deptford rebosa de inteligencia, cultura y sentido del humor –Davies, que también fue actor, dramaturgo y profesor universitario, triunfó en Canadá escribiendo en los periódicos columnas humorísticas– y trata de cómo un acto nimio puede modelar el carácter y las vidas de unos personajes a los que vemos evolucionar y relacionarse desde la niñez hasta la tumba. Y todo por una puñetera bola de nieve que no dio en el blanco.

¿Azar? ¿Destino? Lo único que puedo decir es que ya estáis tardando en haceros con estos sorprendentes, sugerentes y divertidísimos libros. Los ha publicado la excelente editorial Libros del Asteroide, que desde abril de 2005 no deja de regalarnos joyas con la intención de poner a nuestro alcance “libros fundamentales de la literatura del siglo XX no disponibles en castellano”, en sus propias palabras. Entre ellas, las dos primeras novelas (Ángeles rebeldes y Lo que arraiga en el hueso) de otro tríptico de Davies, La Trilogía de Cornish, que se completa con The lyre of Orpheus (aún no traducida al español, que yo sepa). Estoy deseando hincarles el diente.

“NO, SI YO NO QUERÍA…”

Con algunas lecturas pasa como con el tercer cubata. Al principio no las quieres, pero… Un buen amigo me prestó hace unas semanas Hacia rutas salvajes, de Jon Krakauer, periodista, escritor y montañero estadounidense. El libro pasó días sobre la mesa de mi salón, y lo miraba con desgana hasta que una siesta frustrada me hizo cogerlo displicentemente. Ya no pude soltarlo.

Krakauer, que a lo largo de las 285 páginas demuestra saber de lo que habla, narra con soltura y agilidad la extraña aventura de Christopher McCandless, un joven de 24 años, proveniente de una buena familia, que en 1992 lo dejó todo para internarse solo y escasamente equipado en las profundidades de Alaska, donde acabó encontrando la muerte por inanición o, según algunas hipótesis, por una intoxicación alimentaria.

Lo que al principio parece la aventura de un chiflado que acaba en tragedia por su estupidez e imprevisión se va revelando poco a poco como la búsqueda de un joven idealista que pretendía medirse a sí mismo y alcanzar una vida más intensa y verdadera. Krakauer va intercalando hábilmente los antecedentes familiares de McCandless, los rasgos de su personalidad, su vagabundeo por los EE.UU., sus propias experiencias como montañero y el triste final de la extravagante odisea.

La historia fue convertida por Sean Penn en una película estrenada el año pasado. No la he visto todavía, pero cosechó buenas críticas. La banda sonora, compuesta por Eddie Vedder (Pearl Jam) incluía esta canción. Por cierto, si quieres leer (en inglés) el reportaje publicado por Jon Krakauer en 1993 en la revista Outside que acabó dando origen al libro, pincha aquí.

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