Archivo de la etiqueta: Paulo Coelho

El librero consecuente

Cartel

Fotografía del twitpic de Javier Peláez, @irreductible. Su web: http://www.aldea-irreductible.blogspot.com.es/.

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Mal rollo

En mis labores de plumilla mercenario ando investigando un temita de escritores suicidas y estoy confirmando algo que ya sabía: los pesimistas recalcitrantes y oscuros como ala de cuervo me son tan simpáticos (a distancia) como repelentes me resultan Paulo Coelho y los Punset, lehendakaris mediáticos de la industria del buen rollo consumible en pildoritas incoloras, inodoras e insípidas. Tendrán muy buenas intenciones (y ganas de hacer caja gracias a la infelicidad ajena), pero son un gran coñazo, y por eso prefiero leer a gente tan maja como el austriaco Thomas Bernhard, la alegría de cualquier fiestón:

“Nada he admirado más durante toda mi vida que a los suicidas. Me aventajan en todo. Yo no valgo nada y me agarro a la vida, aunque sea tan horrible y mediocre, tan repulsiva y vil, tan mezquina y abyecta. En lugar de matarme, acepto toda clase de compromisos repugnantes, hago causa común con todos y cada uno, y me refugio en la falta de carácter como en una piel nauseabunda pero cálida, ¡en una supervivencia lastimosa! Me desprecio por seguir viviendo”.

Thomas Bernhard

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El orden alfabético, ese cabronazo

Anaqueles

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A la piscina con ellos

Sospecho que Paulo Coelho tiene un morro que se lo pisa, que ha encontrado un momio en la seudoliteratura de los buenos sentimientos y los corazones rotos y lo explota con voracidad de petrolero tejano. Su ego tiene pinta de no caber en un estadio. O a lo mejor es que yo soy un esnob o un cultureta (de mierda). O que envidio su dinero. El caso es que a veces leo sus artículos de autoayuda (o lo que sea eso) en XL Semanal, el suplemento del fin de semana del grupo Vocento, y se me queda la misma impresión que cuando -famélico y ansioso- abro en el trabajo el tupper que me he preparado la noche anterior: menuda ful.

El alquimista, uno de sus libros, está entre ¡los diez más vendidos de la historia!, y ahora publica El vencedor está solo, cuyo primer capítulo puedes bajarte en El Mundo. Yo lo he hecho y he leído atentamente sus once páginas, aunque bien podría haberme quedado en la segunda (y gracias). Es una cosa plana, simplona y aburrida, y ya hay que tener ganas para seguir adelante. A veces basta con muy poco para tomar una decisión.

Es un libro de piscina. Me explico. Francisco Umbral, en una de esas afirmaciones de sobrado de la vida que tanto le gustaban, dijo en una ocasión que la piscina de su dacha (su chalet a las afueras de Madrid) recibía todos los libros malos y que no le interesaban. No resulta difícil imaginarse a Umbral tumbado en la hamaca, con bufanda en agosto y un whiskazo al lado, lanzando displicente al agua los coñazos que le enviaban editoriales varias y aspirantes a la gloria. Pues eso.

Recuerdo uno de mis libros de piscina: Fiesta, de Hemingway. Me lo acabé, pero con dolor… Seguro que tú también tienes un buen número de títulos que habrías tirado por la ventana con gusto…

ACTUALIZACIÓN: Los masocas pueden descargarse aquí el segundo capítulo de El vencedor está solo.

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